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  <title>Planetaki Planet letras canarias</title>
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    <name>Planetaki - Planet letras canarias</name>
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    <title>RECITAL</title>
    <updated>2010-02-09T11:15:26+00:00</updated>
    <published>2010-02-09T11:15:26+00:00</published>
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    <content type="html">&lt;img class="left" src="http://luisveagarcia.blogia.com/upload/20100209093740-encuentro-poetico.jpg" onload="resizeImage( this )" alt="20100209093740-encuentro-poetico.jpg" /&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El pr&#243;ximo d&#237;a 18 de febrero, a las 20.30 horas, en&#160;La Trabanqueta (c/Mallorca 329 de Barcelona)&#160;un servidor tendr&#225; el honor de recitar unos versos acompa&#241;ado de otras dos poetas y amigas, Inma Arrabal y Mar&#237;a Tortosa. Quien desee darse una vuelta ya sabe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content>
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      <title>RECITAL</title>
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    <title>Bernardo Vorace ha vuelto</title>
    <updated>2010-02-08T23:46:24+00:00</updated>
    <published>2010-02-08T20:20:16+00:00</published>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;y parece que vuelve a lo bestia. Yo tuve la suerte adolescente de encontr&#225;rmelo en aquella edici&#243;n de&lt;em&gt; Taller de ediciones JB,&lt;/em&gt; del 75. En uno de los estantes lo tengo, hecho un asco, teniendo en cuenta que lo considero una joya, pero una joya bien le&#237;da y releida, sobada en esa edad feroz que son los a&#241;os &lt;em&gt;teen&lt;/em&gt;. La editorial &lt;a href="http://www.demipage.com/" target="_blank"&gt;demipage&lt;/a&gt; se ha lanzado a su rescate y reivindicaci&#243;n, con lo cual es posible que Vorace deje de ser un secreto escondido de una cierta secta insular. En buena hora. Qu&#233; puede decirse de una novela que empieza as&#237;:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me siento realmente mejor. Las v&#237;rgulas de agua en la ventana desdibujan el paisaje, o quiz&#225; son mis ojos los que despliegan esta cortina de lluvia a mi alrededor. Creo que he sonre&#237;do justo como los moribundos alegres, pero tampoco en esta ocasi&#243;n termino de morirme. Estoy llegando al colmo de lo grotesco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y casi finaliza as&#237;: &lt;/p&gt;</summary>
    <content type="html">&lt;p&gt;y parece que vuelve a lo bestia. Yo tuve la suerte adolescente de encontr&#225;rmelo en aquella edici&#243;n de&lt;em&gt; Taller de ediciones JB,&lt;/em&gt; del 75. En uno de los estantes lo tengo, hecho un asco, teniendo en cuenta que lo considero una joya, pero una joya bien le&#237;da y releida, sobada en esa edad feroz que son los a&#241;os &lt;em&gt;teen&lt;/em&gt;. La editorial &lt;a href="http://www.demipage.com/" target="_blank"&gt;demipage&lt;/a&gt; se ha lanzado a su rescate y reivindicaci&#243;n, con lo cual es posible que Vorace deje de ser un secreto escondido de una cierta secta insular. En buena hora. Qu&#233; puede decirse de una novela que empieza as&#237;:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;p&gt;Me siento realmente mejor. Las v&#237;rgulas de agua en la ventana desdibujan el paisaje, o quiz&#225; son mis ojos los que despliegan esta cortina de lluvia a mi alrededor. Creo que he sonre&#237;do justo como los moribundos alegres, pero tampoco en esta ocasi&#243;n termino de morirme. Estoy llegando al colmo de lo grotesco.&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;y casi finaliza as&#237;: &lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;p&gt;Ahora puedo descansar, dormir, cierro los p&#225;rpados, seguro que se hace de noche porque he engullido por los ojos toda la luz del sol.&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los que me conocen saben de &lt;a href="http://islasenlared.blogspot.com/2004/02/el-primer-contacto-recuerdo-muy.html" target="_blank"&gt;mi inter&#233;s por F&#233;lix Francisco Casanova &lt;/a&gt;desde que una compa&#241;era de clase, en un lejano COU, me puso delante varios poemas fotocopiados procedentes de &lt;em&gt;&amp;#8220;Una maleta llena de hojas&amp;#8221;&lt;/em&gt;.  La compleja simplicidad de sus poemas todav&#237;a me deja helado, y con el tiempo compruebo que parecen escritos en esta misma tarde lluviosa en Las Palmas. Ya habl&#233; de esto en otra ocasi&#243;n. No voy a repetirme. En &amp;#8220;&lt;a href="http://personal.auna.com/danielbellon/antologia.pdf" target="_blank"&gt;Tatuajes&lt;/a&gt;&amp;#8221; le dediqu&#233; un poema: &lt;em&gt;La sombra de F&#233;lix Francisco Casanova,&lt;/em&gt; sampleando alguno de sus textos y unos rezados isle&#241;os.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237; que, si en sus trasteos por alguna librer&#237;a se encuentran con la &lt;a href="http://www.demipage.com/blog/new.php?id=160" target="_blank"&gt;bien cuidada nueva edici&#243;n de &amp;#8220;El don de Vorace&lt;/a&gt;&amp;#8221; (Bien cuidada pero un poco mit&#243;mana para mi gusto, &lt;a href="http://www.demipage.com/blog/new.php?id=161" target="_blank"&gt;como el suplemento de El Mundo&lt;/a&gt;, a la caza del guapo/Talentoso/muerto j&#243;ven&amp;#8230; -el pack completo, vaya- ; lo de la postal con la foto de Feliz Fco., me parece m&#225;s una cosa de superpop&amp;#8230;) no duden en sumergirse en el extra&#241;o viaje de &lt;em&gt;Bernardo Vorace&lt;/em&gt;, supuesto inmortal o torpe suicida con tendencia a fabular. Parece que &lt;em&gt;Demipage&lt;/em&gt; va a rescatar tambi&#233;n la obra po&#233;tica completa de F&#233;lix Francisco. Muy bien, no es mala vara de medir a buena parte de la tonter&#237;a y la impostura contemporanea.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo dicho, quiz&#225;s no les coja con diecisiete a&#241;os&amp;#8230; pero ya ver&#225;n.&lt;/p&gt;</content>
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      <title>Bernardo Vorace ha vuelto</title>
      <updated>2010-02-08T23:46:24+00:00</updated>
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    <title>La editorial Demipage revive el mito del joven poeta canario F&#233;lix Francisco Casanova</title>
    <updated>2010-02-07T13:49:43+00:00</updated>
    <published>2010-02-07T12:40:00+00:00</published>
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    <content type="html">Con la publicaci&#243;n de la novela  El don de Vorace , la editorial madrile&#241;a Demipage, ha...</content>
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      <title>La editorial Demipage revive el mito del joven poeta canario F&#233;lix Francisco Casanova</title>
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    <title>El traductor Andr&#225;s K&#233;ri contin&#250;a su labor de difusi&#243;n de la poes&#237;a canaria en Hungr&#237;a</title>
    <updated>2010-02-07T13:49:43+00:00</updated>
    <published>2010-02-07T12:20:00+00:00</published>
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    <content type="html">115) this.width=115" /&gt;El traductor y estudioso de la literatura canaria Andr&#225;s K&#233;ri ha incluido cuatro poemas traducidos al h&#250;ngaro del poeta Antonio Garc&#237;a Yedra en el n&#250;mero 4 de la revista...</content>
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    <title>Sepultura</title>
    <updated>2010-02-07T17:05:36+00:00</updated>
    <published>2010-02-07T03:22:00+00:00</published>
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    <content type="html">Dices bajo la lluvia que llegar&#225;s tarde a la cita,&lt;br /&gt;que los atardeceres embrujan los caminos,&lt;br /&gt;que la luz nunca corregir&#225; sus direcciones.&lt;br /&gt;Apenas puedo entender tus palabras&lt;br /&gt;porque he dejado de escucharte unos segundos.&lt;br /&gt;Ha pasado un &#225;ngel&lt;br /&gt;y me he quedado contemplando la nada.&lt;br /&gt;S&#233; bien que los tiempos cambian,&lt;br /&gt;pero al final continuamos andando juntos.&lt;br /&gt;Aunque solo sea un tramo del camino.&lt;br /&gt;Un d&#237;a prender&#225;s las palabras m&#225;s bellas&lt;br /&gt;y abandonaremos todas las llamas&lt;br /&gt;que guardamos en la memoria.&lt;br /&gt;Reconquistaremos el para&#237;so perdido&lt;br /&gt;y all&#237; escucharemos el timbre de las hienas,&lt;br /&gt;los gritos de nuestros enemigos&lt;br /&gt;empapados de maquillaje televisivo.&lt;br /&gt;Esta tierra nuestra se hunde bajo los ecos de las luci&#233;rnagas.&lt;br /&gt;S&#237;, esta sombra nuestra que ladra a los &#225;ngeles por la noche&lt;br /&gt;llorar&#225; por nosotros.&lt;br /&gt;El ojo vigilante nos sepultar&#225; en una fosa dorada&lt;br /&gt;y nos recitar&#225; el poema de lo que pudimos ser.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6486387525184046749-668849549079436611?l=robertogarciademesa.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>Sepultura</title>
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    <title>OLORES</title>
    <updated>2010-02-06T22:52:53+00:00</updated>
    <published>2010-02-06T22:52:53+00:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span&gt;Al pasar junto a la iglesia de un colegio cercano huele mal. Es lo que tienen en com&#250;n las alcantarillas y las religiones, apestan cuando se remueven.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content>
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    <title>Vaya programa</title>
    <updated>2010-02-06T22:52:45+00:00</updated>
    <published>2010-02-06T20:41:18+00:00</published>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;tiene para el mes de febrero ese rinc&#243;n febril de Valencia que es la sala &lt;a href="http://eldoradomae.blogspot.com/" target="_blank"&gt;Eldorado&lt;/a&gt;, que tan lejos me coge aunque tan cerca lo siento&#8230; Lo comparo con los &#8220;esfuerzos&#8221; de los &lt;a href="http://www.septenio.com/" target="_blank"&gt;bien apoyados promotores culturales institucionales&lt;/a&gt; de mi tierra y no s&#233; si reir o llorar. En todo caso, quien tenga cerca &lt;a href="http://eldoradomae.blogspot.com" target="_blank"&gt;Eldorado&lt;/a&gt;, que disfrute este febrero excepcional. Aqu&#237; va el programa y f&#237;jense en los nombres: Canteli, Falc&#243;n, Maillard, Mestre&#8230;:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;
PROGRAMACI&#211;N FEBRERO 2010&lt;/p&gt;&lt;p&gt;4/02/10 22:O0 H. POEMA-NI&#193;TICOS. Primer y tercer jueves de cada mes. La Jam de EL DORADO-ESPACIO MAE. Ven, lee tus textos, performa, acciona, act&#250;a, toca, &#8230; escucha. http://poema-niaticos.blogspot.com. COORDINA. EDDIE (J.BERM&#218;DEZ)&lt;/p&gt;</summary>
    <content type="html">&lt;p&gt;tiene para el mes de febrero ese rinc&#243;n febril de Valencia que es la sala &lt;a href="http://eldoradomae.blogspot.com/" target="_blank"&gt;Eldorado&lt;/a&gt;, que tan lejos me coge aunque tan cerca lo siento&amp;#8230; Lo comparo con los &amp;#8220;esfuerzos&amp;#8221; de los &lt;a href="http://www.septenio.com/" target="_blank"&gt;bien apoyados promotores culturales institucionales&lt;/a&gt; de mi tierra y no s&#233; si reir o llorar. En todo caso, quien tenga cerca &lt;a href="http://eldoradomae.blogspot.com" target="_blank"&gt;Eldorado&lt;/a&gt;, que disfrute este febrero excepcional. Aqu&#237; va el programa y f&#237;jense en los nombres: Canteli, Falc&#243;n, Maillard, Mestre&amp;#8230;:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;p&gt;
PROGRAMACI&#211;N FEBRERO 2010&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;4/02/10 22:O0 H. POEMA-NI&#193;TICOS. Primer y tercer jueves de cada mes. La Jam de EL DORADO-ESPACIO MAE. Ven, lee tus textos, performa, acciona, act&#250;a, toca, &#8230; escucha. http://poema-niaticos.blogspot.com. COORDINA. EDDIE (J.BERM&#218;DEZ)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;PO&#201;TICAS EN FUGA II. &amp;#8220;Tendencias de la Hispanoam&#233;rica actual&amp;#8221; y &amp;#8220;Lectura de Olvido Garc&#237;a Vald&#233;s&amp;#8221;&lt;br /&gt;
5/2/2010. 19:30 A 21:30 EN LA NAU Y A LAS 23:00 EN EL DORADO (Alzira, 25)&lt;br /&gt;
Mesa I: &#171;Tendencias de la Poes&#237;a Hispanoamericana actual con nombres propios&#187;&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&lt;br /&gt;
Participan: Marcos Canteli, Pedro Montealegre, Enrique Falc&#243;n, Ildefonso Rodriguez y Rafael Saravia.&lt;br /&gt;
Moderador: Enrique Falc&#243;n&lt;br /&gt;
&amp;#8212;&lt;br /&gt;
Mesa II: Lectura po&#233;tica a cargo de Olvido Garc&#237;a Vald&#233;s.&lt;br /&gt;
Acompa&#241;an: Antonio M&#233;ndez Rubio, Laura Giordani y Elo&#237;sa Otero.&lt;br /&gt;
Moderador: Antonio M&#233;ndez Rubio&lt;br /&gt;
23:00 Lectura de Ildefonso Rodr&#237;guez, Guadalupe Grande y Elo&#237;sa Otero EN EL DORADO&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;JUEVES 11 DE FEBRERO. 20:30 H. Inauguraci&#243;n de la EXPOSICI&#211;N de Isabel Miras.&lt;br /&gt;
Con presencia de la pintora que nos habalr&#225; de sus lienzos &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;PO&#201;TICAS EN FUGA II. Lectura po&#233;tica de Chantal Maillard y Juan Carlos Mestre.&lt;br /&gt;
12/2/2010 19:30 A 21:30 EN LA NAU Y A LAS 23:00 EN EL DORADO&lt;br /&gt;
Mesa III: Lectura po&#233;tica a cargo de Chantal Maillard.&lt;br /&gt;
Acompa&#241;an: Oscar Solsona, Julieta Valero y Esther Ram&#243;n.&lt;br /&gt;
&amp;#8211;&lt;br /&gt;
&amp;#8211;&lt;br /&gt;
Mesa IV: Lectura po&#233;tica a cargo de Juan Carlos Mestre&lt;br /&gt;
Acompa&#241;an: Cecilia Qu&#237;lez, Arturo Borra y Guadalupe Grande.&lt;br /&gt;
Moderadora: Esther Ram&#243;n.&lt;br /&gt;
23:00 Lectura de Julieta Valero y Guadalupe Grande EN EL DORADO&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;18/02/10 22:00 H. POEMA-NI&#193;TICOS. Primer y tercer jueves de cada mes. La Jam de EL DORADO-ESPACIO MAE. Ven, lee tus textos, performa, acciona, act&#250;a, toca, &#8230; escucha. http://poema-niaticos.blogspot.com. COORDINA. EDDIE (J.BERM&#218;DEZ)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;GRICISITUDES de Saray Pav&#243;n&lt;br /&gt;
19/2/2010 20:00 Librer&#237;a Primado&lt;br /&gt;
23:00 El Dorado-Espacio MAE&lt;br /&gt;
Desde Sevilla, Saray Pav&#243;n presenta en Valencia Gricisitudes, un nuevo Cuaderno Can&#237;bal de Ed. Cangrejo Pistolero. http://www.saraypavon.com/. A las 20:00 H. Presentaci&#243;n en Librer&#237;a Primado del poemario y a las 23:00 Recital perfopo&#233;tico de Saray en El Dorado. Pasarmeos algunos v&#237;deos de Saray Pav&#243;n&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;EL ZURR&#211;N DEL SIBARITA, de Manuel M&#225;rquez&lt;br /&gt;
26/2/2010 20:00 Librer&#237;a Primado&lt;br /&gt;
27/02/10 23:00 El Dorado-Espacio MAE&lt;br /&gt;
Manuel M&#225;rquez nos trae desde Sevilla su proyecto po&#233;tico, El Zurr&#243;n del Sibarita: El zurr&#243;n del sibarita es un proyecto literario cuanto menos curioso. Este proyecto consiste en un nuevo y original formato libro en el cual se a&#250;nan lo m&#225;s sencillo y natural, la arpillera de nuestros antepasados, con lo m&#225;s sublime y exquisito, la literatura. El contenido po&#233;tico encerrado en &#233;l, posee la fuerza racial de la tierra, de un hombre hecho en el yunque del d&#237;a a d&#237;a. Estos poemas son derivados de una larga campa&#241;a de recogida de frutos, en la cual, muchos de ellos, tra&#237;an el dulzor, las espinas, las verdades, los secretos, en fin, la vida, poemas que, sin dudas, permitir&#225; al lector el verse reflejado en muchos de ellos haciendo propias las experiencias ajenas. El poeta Manuel M&#225;rquez, para esta ocasi&#243;n, nos brinda poemas que tienen la minuciosa particular de transformarse en cada lector.&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;</content>
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      <updated>2010-02-06T22:52:45+00:00</updated>
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    <title>Negro sobre blanco</title>
    <updated>2010-02-06T18:19:13+00:00</updated>
    <published>2010-02-05T22:49:00+00:00</published>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_GpUr7ZpgvP0/S2ye_id6WII/AAAAAAAAAgM/8vuulzxjJpI/s1600-h/negro_sobre_blanco.jpg" target="_blank"&gt;
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    &lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Fuente de la foto: &lt;a href="http://www.ojodigital.com/foro/urbanas-pueblos-y-ciudades/298704-negro-sobre-blanco.html" target="_blank"&gt;http://www.ojodigital.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <content type="html">&lt;div class="separator"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_GpUr7ZpgvP0/S2ye_id6WII/AAAAAAAAAgM/8vuulzxjJpI/s1600-h/negro_sobre_blanco.jpg" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_GpUr7ZpgvP0/S2ye_id6WII/AAAAAAAAAgM/8vuulzxjJpI/s320/negro_sobre_blanco.jpg" border="0" onload="resizeImage( this )" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span&gt;Fuente de la foto: &lt;a href="http://www.ojodigital.com/foro/urbanas-pueblos-y-ciudades/298704-negro-sobre-blanco.html" target="_blank"&gt;http://www.ojodigital.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span&gt;Estoy ante ti, esperando la luz, esa que me ilumina cuando estoy perdido en la oscuridad y que me muestra el camino de la palabra. T&#250; me llevas de la mano, hacia universos ocultos, diferentes e incluso inexistentes. Haces, que en el desierto, cuando la sed me quema la garganta, el agua fluya cristalina, fresca y &lt;/span&gt;&lt;span&gt;la vida &lt;/span&gt;&lt;span&gt;vuelva a renacer dentro de mi ser.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span&gt;A tu lado soy capaz de construir, crear y procrear, darle la mano al misterio de la vida y por un momento, me siento un dios, pero no un dios cualquiera, sino uno de los m&#225;s grandes del universo. Porque t&#250; me haces grande y poderoso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36121462-5612808366638176582?l=elpatiodeloscangrejos.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>Negro sobre blanco</title>
      <updated>2010-02-06T18:19:13+00:00</updated>
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    <title>DIARIO VIRTUAL DE JOS&#201; CARLOS CATA&#209;O</title>
    <updated>2010-02-05T17:02:48+00:00</updated>
    <published>2010-02-05T17:28:00+00:00</published>
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    <content type="html">Ah, este instante de azul, esa gaviota  que gira en lo alto, liviana y  blanca, las sombras contenidas en los z&#243;calos todav&#237;a, las ramas doradas y desnudas de los &#225;lamos por el cielo, los resplandores, aquella gr&#250;a amarilla y ya apagada, el borde del toldo que imita el rizo del mar, qu&#233; pureza tienen los perfiles, qu&#233; tibia ser&#225; la carne en el encuentro, azul de tarde con respiro sujetado, como la ola que viene creci&#233;ndose para romper en tu mirada, instante de espuma, recorte de viento, burbuja, s&#237;laba azul y enseguida trasparencia, no la toques a la trasparencia, ni al ala oblicua de la gaviota en su goce derretido por los aires, no pulses algo, para que la noche llene mi latido, sombra mi voz, nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4408062566727750115-635223406792118095?l=josecarloscatano.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>DIARIO VIRTUAL DE JOS&#201; CARLOS CATA&#209;O</title>
      <updated>2010-02-05T17:02:48+00:00</updated>
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    <title>Al otro lado</title>
    <updated>2010-02-05T04:42:56+00:00</updated>
    <published>2010-02-05T01:07:00+00:00</published>
    <id>planetaki.com:5449:post:62059098</id>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YSHhI9nVrLU/S2tzp96M5vI/AAAAAAAABDA/Ib5xGLfH-uc/s1600-h/George+Krause+La_sombra.jpg" target="_blank"&gt;
      &lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_YSHhI9nVrLU/S2tzp96M5vI/AAAAAAAABDA/Ib5xGLfH-uc/s400/George+Krause+La_sombra.jpg" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434564540183144178" border="0" onload="resizeImage( this )" alt=""/&gt;
    &lt;/a&gt;&lt;span&gt; Imagen: George Krause&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;
      &lt;span class="Apple-style-span"&gt;Podr&#237;a decir que es mi amigo, pero mentir&#237;a. Apenas le conozco, aunque lo s&#233; casi todo de &#233;l.&lt;/span&gt;
    &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <content type="html">&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YSHhI9nVrLU/S2tzp96M5vI/AAAAAAAABDA/Ib5xGLfH-uc/s1600-h/George+Krause+La_sombra.jpg" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_YSHhI9nVrLU/S2tzp96M5vI/AAAAAAAABDA/Ib5xGLfH-uc/s400/George+Krause+La_sombra.jpg" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434564540183144178" border="0" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span&gt; Imagen: George Krause&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Podr&#237;a decir que es mi amigo, pero mentir&#237;a. Apenas le conozco, aunque lo s&#233; casi todo de &#233;l.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;Compartimos algunas aficiones menores, pero en aquello que da sentido a nuestras vidas somos dos extra&#241;os. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;A veces le miro y creo entenderle, pero es un error. Siempre estoy a su lado, pero nunca estoy con &#233;l.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que hace me resulta absurdo: nada de lo que &#233;l teme a m&#237; me inquieta, sus gigantes son enanos para m&#237;, sus indiferencias a m&#237; me enloquecen, donde &#233;l ve un lago yo s&#243;lo atisbo un p&#225;ramo, y donde &#233;l se detiene yo paso de largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante a&#241;os nos hemos respetado como dos boxeadores que saben que la derrota y la victoria son lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada uno vigila las fronteras de su intimidad. Los acuerdos son escasos y las discusiones resultan innecesarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le gusta el cine de Eastwood y de Allen, que yo detesto. Una vez me confes&#243; que hab&#237;a disfrutado de una pel&#237;cula de Theo Angelopoulos. Me dio un ataque de risa. Lee mucho m&#225;s que yo, pero eso no tiene ning&#250;n m&#233;rito. Casi todo en &#233;l es excesivo, y a m&#237; los excesos me adormecen. Un ejemplo: una vez le preguntaron cu&#225;les eran los tres fil&#243;sofos a los que m&#225;s admiraba. Primero le pudo cierta anglofilia y respondi&#243;: &#8220;Russell, Russell y Russell&#8221;. Pero no tard&#243; tres segundos en corregir su tr&#237;ada, asegurando que la anterior era la ideal y esta la veros&#237;mil: &#8220;Hume, Groucho y Vivaldi.&#8221;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando todo va bien, &#233;l hace el trabajo y yo cobro las facturas. Se puede decir que vamos a medias. Pero si las cosas se ponen feas, &#233;l se encierra en la biblioteca y yo debo hacerlo todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribe mucho, demasiado en mi opini&#243;n, pero a veces le pagan, y eso quiz&#225; justifica su demencia. No me interesa lo que escribe, y hace a&#241;os que dej&#233; de leerle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca le hice preguntas indiscretas, y si se las hubiera hecho &#233;l no me habr&#237;a respondido. Por su parte &#233;l me hace constantemente preguntas inaceptables, a las que siempre respondo con mentiras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivimos juntos, pero su casa y la m&#237;a son muy distintas. &#201;l s&#243;lo tiene libros y un ordenador. Yo tengo todo lo dem&#225;s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jugamos a ser buenos amigos, creyendo que la voluntad es suficiente para salvar nuestras diferencias. Es mentira. La voluntad es un puente demasiado fr&#225;gil para unir a esas dos personas que se alejan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hace a&#241;os tengo los datos, las fechas y todas las fotograf&#237;as, pero sigo sin saber qui&#233;n es. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;Algunos d&#237;as, cuando me miro al espejo, desear&#237;a ser como &#233;l y tener algo por lo que vivir y morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces &#233;l, lo s&#233;, en sus peores noches, desear&#237;a quemar todo lo que ha escrito, quemar tambi&#233;n su biblioteca, borrar su nombre para siempre y ser como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces se despierta en mitad de la noche, busca un papel y se pone a escribir. Pero la mayor&#237;a de las veces se pone a leer, como un loco que busca la respuesta a una pregunta inabarcable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mentir&#237;a si dijera que creo en &#233;l.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pertenecemos a la misma familia, pero su familia y la m&#237;a son incompatibles. Yo tengo padres y hermanas, &#233;l s&#243;lo tiene libros y citas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estoy m&#225;s all&#225; de sus juegos y de su obsesi&#243;n, y de alguna forma le estoy esperando. Pero le espero al otro lado de la realidad, all&#237; donde darle un sentido a la vida es un lujo innecesario, donde las palabras no son suficientes, all&#237; donde unos segundos de luz valen m&#225;s que toda su literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8813778273816883580-723482243715704101?l=bmesa.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>Al otro lado</title>
      <updated>2010-02-05T04:42:56+00:00</updated>
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    <title>DIARIO VIRTUAL DE JOS&#201; CARLOS CATA&#209;O</title>
    <updated>2010-02-04T21:50:53+00:00</updated>
    <published>2010-02-04T18:37:00+00:00</published>
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    <content type="html">Bruma, noche, lluvia, humedad... Los pobres huesos resentidos. (Cada vez que se me pasa por la cabeza mi estado f&#237;sico, me acuerdo de aquel desgraciado que en su gacetilla  -gacetilla a sueldo de su benefactor, el m&#237;stico puro, el removedor de intereses a golpes de tel&#233;fono-, me reprochaba en &lt;span&gt;Los que cruzan el mar &lt;/span&gt;mi poca salud, y mis pocos amigos, como si esto, en caso de que fuera cierto, tuviera que ver con la literatura. De modo que me entran unas ganas locas de proclamar amigos y dar saltos atl&#233;ticos sobre los charcos y la oscuridad.&lt;br /&gt;Me quedo, no obstante, mirando por la ventana. De verdad lo que me gusta es el brillo de los r&#243;tulos en las aceras, el haz de luz del tr&#225;fico sobre el asfalto y su reflejo veloz en las cristaleras de las casas con las luces apagadas, la poes&#237;a de los sem&#225;foros imperturbables, la soberan&#237;a magn&#237;fica de los paraguas, los pobres &#225;rboles prisioneros en esta extra&#241;a civilizaci&#243;n.&lt;br /&gt;El tiempo pasa con sonidos de agua; con la marea de las llantas gimiendo sobre el suelo mojado. Qu&#233; ser&#225; de nosotros ma&#241;ana, no lo sabemos. Qu&#233; ha sido de nosotros en todo el grueso del pasado, tampoco lo sabemos. Esta costumbre de mirar, nada m&#225;s. Eso somos ahora. Mirando para llenarnos de sentido. Como si el logro de un sentido nos proporcionara cierta consistencia ante la bruma y la lluvia que lo arrastran todo noche abajo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4408062566727750115-9168721297727012669?l=josecarloscatano.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>DIARIO VIRTUAL DE JOS&#201; CARLOS CATA&#209;O</title>
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    <title>As&#237;</title>
    <updated>2010-02-07T13:47:46+00:00</updated>
    <published>2010-02-04T18:10:00+00:00</published>
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    <content type="html">Aunque ya no escuchemos el susurro de nuestros pasos&lt;br /&gt;que grabamos alg&#250;n d&#237;a por la ciudad,&lt;br /&gt;aunque fu&#233;ramos cogidos de la mano,&lt;br /&gt;nadie nos descubri&#243;.&lt;br /&gt;El silencio nos sirvi&#243; alguna vez de tapadera.&lt;br /&gt;S&#237;.&lt;br /&gt;Yo s&#233; que los lugares desiertos son rastros perdidos en la memoria.&lt;br /&gt;Hay algunos recuerdos que nunca se olvidan.&lt;br /&gt;O tal vez queramos que vuelvan.&lt;br /&gt;Porque hay canciones que nos derrotan por completo.&lt;br /&gt;Ahora que duelen los besos.&lt;br /&gt;Ahora que nos escuchan las estrellas.&lt;br /&gt;&#191;Por qu&#233; tengo que dejarme vencer?&lt;br /&gt;No entiendo las palabras huecas.&lt;br /&gt;La soledad es una ventana abierta por la noche,&lt;br /&gt;con una luz lejana y muda que esconde los sue&#241;os rotos.&lt;br /&gt;Apura un vaso m&#225;s en la barra del bar&lt;br /&gt;y conseguiremos llegar a la meta.&lt;br /&gt;Es tarde.&lt;br /&gt;Siempre es tarde para todo.&lt;br /&gt;Siempre nos escuchan los &#225;ngeles.&lt;br /&gt;Y cruzamos juntos de la mano el puente, la memoria sin sal.&lt;br /&gt;Lentamente corremos por la playa.&lt;br /&gt;Y miramos c&#243;mo el cielo se estrella sobre el oc&#233;ano.&lt;br /&gt;Somos uno.&lt;br /&gt;Somos dioses grises.&lt;br /&gt;Como los rostros antiguos.&lt;br /&gt;Ahora que s&#233; que no tienes nombre,&lt;br /&gt;ahora que me susurras al o&#237;do cosas del pasado,&lt;br /&gt;una inmensa mano nos acaricia borrachos bajo la lluvia.&lt;br /&gt;-&#191;T&#250; la has visto?&lt;br /&gt;-Joder, me ha tocado una estrella fugaz.&lt;br /&gt;Las puertas, los rincones de la ciudad se encienden al anochecer.&lt;br /&gt;Todo se entusiasma.&lt;br /&gt;Todo me dice: ya has llegado.&lt;br /&gt;Apago el pitillo y ando bajo la lluvia,&lt;br /&gt;como si fuera el &#250;ltimo arcoiris de la historia del cielo.&lt;br /&gt;D&#233;jame escuchar el lagrimeo del sereno.&lt;br /&gt;D&#233;jame aqu&#237;, descansar, en mitad de la noche, bajo un portal.&lt;br /&gt;D&#233;jame despedirme aqu&#237; del pasado.&lt;br /&gt;Cuando las palabras llegaban hasta todos los rincones del cuerpo.&lt;br /&gt;As&#237;, con este silencio, con estos ecos del d&#237;a.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6486387525184046749-5159939992652251818?l=robertogarciademesa.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>As&#237;</title>
      <updated>2010-02-07T13:47:46+00:00</updated>
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    <title>As&#237;</title>
    <updated>2010-02-04T15:33:37+00:00</updated>
    <published>2010-02-04T05:04:00+00:00</published>
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    <content type="html">Aunque ya no escuchemos el susurro de nuestros pasos&lt;br /&gt;que grabamos alg&#250;n d&#237;a por la ciudad,&lt;br /&gt;aunque fu&#233;ramos cogidos de la mano,&lt;br /&gt;nadie nos descubri&#243;.&lt;br /&gt;El silencio nos sirvi&#243; alguna vez de tapadera.&lt;br /&gt;S&#237;.&lt;br /&gt;Yo s&#233; que los lugares desiertos son rastros perdidos en la memoria.&lt;br /&gt;Hay algunos recuerdos que nunca se olvidan.&lt;br /&gt;O tal vez querramos que vuelvan.&lt;br /&gt;Porque hay canciones que nos derrotan&lt;br /&gt;por completo.&lt;br /&gt;Ahora que duelen los besos.&lt;br /&gt;Ahora que nos escuchan las estrellas.&lt;br /&gt;&#191;Por qu&#233; tengo que dejarme vencer?&lt;br /&gt;No entiendo las palabras huecas.&lt;br /&gt;La soledad es una ventana abierta por la noche,&lt;br /&gt;con una luz lejana y muda que esconde los sue&#241;os rotos.&lt;br /&gt;Apura un vaso m&#225;s en la barra del bar&lt;br /&gt;y conseguiremos llegar a la meta.&lt;br /&gt;Es tarde.&lt;br /&gt;Siempre es tarde para todo.&lt;br /&gt;Siempre nos escuchan los &#225;ngeles.&lt;br /&gt;Y cruzamos juntos de la mano el puente, la memoria sin sal.&lt;br /&gt;Lentamente corremos por la playa.&lt;br /&gt;Y miramos c&#243;mo el cielo se estrella sobre el oc&#233;ano.&lt;br /&gt;Somos uno.&lt;br /&gt;Somos dioses grises.&lt;br /&gt;Como los rostros antiguos.&lt;br /&gt;Ahora que s&#233; que no tienes nombre,&lt;br /&gt;ahora que me susurras al o&#237;do cosas del pasado,&lt;br /&gt;una inmensa mano nos acaricia borrachos bajo la lluvia.&lt;br /&gt;-&#191;T&#250; la has visto?&lt;br /&gt;-Joder, me ha tocado una estrella fugaz.&lt;br /&gt;Las puertas, los rincones de la ciudad se encienden al anochecer.&lt;br /&gt;Todo se entusiasma.&lt;br /&gt;Todo me dice: ya has llegado.&lt;br /&gt;Apago el pitillo y ando bajo la lluvia,&lt;br /&gt;como si fuera el &#250;ltimo arcoiris de la historia del cielo.&lt;br /&gt;D&#233;jame escuchar el lagrimeo del sereno.&lt;br /&gt;D&#233;jame aqu&#237;, descansar, en mitad de la noche, bajo un portal.&lt;br /&gt;D&#233;jame despedirme aqu&#237; del pasado.&lt;br /&gt;Cuando las palabras llegaban hasta todos los rincones del cuerpo.&lt;br /&gt;As&#237;, con este silencio, con estos ecos del d&#237;a.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6486387525184046749-4550641855632813107?l=robertogarciademesa.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>As&#237;</title>
      <updated>2010-02-04T15:33:37+00:00</updated>
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    <title>Escribir</title>
    <updated>2010-02-04T04:32:32+00:00</updated>
    <published>2010-02-04T05:01:00+00:00</published>
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    <content type="html">Escribo para saber que continuo vivo en este mundo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6486387525184046749-1895741698071427380?l=robertogarciademesa.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>Escribir</title>
      <updated>2010-02-04T04:32:32+00:00</updated>
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    <title>Steve Reich</title>
    <updated>2010-02-04T04:32:32+00:00</updated>
    <published>2010-02-04T02:49:00+00:00</published>
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    <content type="html">En estos momentos soy tan feliz...&lt;br /&gt;Me trajeron de Estados Unidos dos cds de Steve Reich, porque aqu&#237; no se consiguen. Las tiendas de discos no tienen apenas m&#250;sica minimalista.&lt;br /&gt;Nunca lo entender&#233;.&lt;br /&gt;Y cada vez menos.&lt;br /&gt;Ay, ay, ay...&lt;br /&gt;Escucho &lt;em&gt;Variations for vibes, pianos and strings&lt;/em&gt;...&lt;br /&gt;&#161;C&#243;mo adoro a Steve Reich!&lt;br /&gt;Ha culminado un d&#237;a maravilloso.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Fast, slow, fast&lt;/em&gt;...&lt;br /&gt;Podr&#237;a ser una sinfon&#237;a contempor&#225;nea, pero no... Ja, ja.&lt;br /&gt;Podr&#237;a ser una maravillosa banda sonora, pero no... Ja, ja.&lt;br /&gt;Es una de las mejores composiciones que he escuchado en mi vida. Tan sencilla, tan compleja, tiene una apariencia minimalista, pero es &#237;ntimamente barroca.&lt;br /&gt;Yo creo que a algunos de los que constituyeron en su d&#237;a la vanguardia musical norteamericana todav&#237;a les queda mucho por decir.&lt;br /&gt;Y es de nuestro siglo, de 2005, del siglo XXI, ya.&lt;br /&gt;Hay que pintar con ella...&lt;br /&gt;No hay que perder las buenas costumbres.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6486387525184046749-7589265060055904993?l=robertogarciademesa.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>Steve Reich</title>
      <updated>2010-02-04T04:32:32+00:00</updated>
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    <title>DIARIO VIRTUAL DE JOS&#201; CARLOS CATA&#209;O</title>
    <updated>2010-02-02T19:51:10+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T20:26:00+00:00</published>
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    <content type="html">Hoy no s&#233; si me he levantado. He salido a la calle, y no sab&#237;a si ya lo hab&#237;a hecho; quiero decir, si hab&#237;a realizado el mismo recorrido por la ma&#241;ana, en el caso de que hubiera habido una ma&#241;ana. Me preguntaron en el bar si era de Canarias, y confieso que no sab&#237;a qu&#233; me preguntaban. Hab&#237;a so&#241;ado que un d&#237;a saldr&#237;a a la calle sin rostro, sin identidad, apenas cuerpo inflado que se desliza, por la inercia del viento, a trav&#233;s de las inercias de las calles de siempre, y no lograba dirimir si estar en la calle, en la noche incipiente, era una anticipaci&#243;n del sue&#241;o o su rotundo cumplimiento.&lt;br /&gt;He mirado a las estrellas, por si pod&#237;an en algo ayudarme, pero no se divisaban las estrellas. Los rostros que pasaban eran los mismos de siempre, la misma pesantez de carne y de fluidos, y por una vez me sent&#237; libre de deseo, libre de salir de m&#237; mismo para serme en el otro, puesto que ya no me sent&#237;a.&lt;br /&gt;Tal vez disolv&#237; mi identidad con aceite de c&#225;&#241;amo, durante el sue&#241;o. Tal vez pint&#233; un mural, en el sue&#241;o, con todos mis caracteres en las esquinas dobladas, en las ra&#237;ces enterradas de los soles. Deber&#237;a acudir otra vez al sue&#241;o para dar con mi yo regalado. Pero los sue&#241;os corren al mar y sin embargo en &#233;l no desembocan; por eso son sue&#241;os y no cuerpos de r&#237;o.&lt;br /&gt;Tantas vidas vividas, olvidadas y perdidas, traen consigo que un d&#237;a seas otro sin aviso. Otro tan distinto de ti, que ni sientes necesidad de abordarlo y reconquistarlo. Como un nav&#237;o que obedece a las corrientes imperceptibles, a los aires sin sentido. Amanecer&#225;s en playas armoricanas que nunca te llamaron. Atravesar&#225;s el coro de sirenas inaudibles. Te dejar&#225;s en tus propios brazos al cabo del mundo. Y no ser&#225;s nada ni ninguno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4408062566727750115-8445004868752200467?l=josecarloscatano.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>DIARIO VIRTUAL DE JOS&#201; CARLOS CATA&#209;O</title>
      <updated>2010-02-02T19:51:10+00:00</updated>
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    <title>Claudio Magris en Lanzarote</title>
    <updated>2010-02-02T17:35:46+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T14:00:00+00:00</published>
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    <content type="html">El pr&#243;ximo jueves, 4 de febrero, a las 20:30 horas, en la sede de la Fundaci&#243;n C&#233;sar Manrique en Taro de Tah&#237;che, Claudio Magris pronunciar&#225; la conferencia titulada "Entre el Danubio y el mar. Itinerario de un escritor", con la que la...</content>
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      <title>Claudio Magris en Lanzarote</title>
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    <title>la mancha</title>
    <updated>2010-02-03T20:07:17+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T05:36:00+00:00</published>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2gzo11e6RI/AAAAAAAABi4/nRWvrtBsmD0/s320/Silvia+Garcia.JPG" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433649727161690386" onload="resizeImage( this )" alt=""/&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Silvia Garc&#237;a (Provincia del Chaco, Argentina, 1970).&lt;/strong&gt; Desde el a&#241;o 2000 est&#225; radicada en Europa. Sus publicaciones son: &lt;em&gt;Calendario&lt;/em&gt; (2005, poemas), &lt;em&gt;Cuentos de Hadas&lt;/em&gt; (2006, poemas), &lt;em&gt;El mundo est&#225; lleno de sorpresas&lt;/em&gt; (2006, microrrelatos), todas con Ediciones Corregidor, Buenos Aires. En 2007 obtuvo el premio de cuentos Ateneo de la Laguna (Tenerife) con la colecci&#243;n &lt;em&gt;Peque&#241;as historias de mujeres, hombres y animales&lt;/em&gt;. Su web: &lt;a href="http://www.silvia.cc/" target="_blank"&gt;Silvia Garc&#237;a.com&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <content type="html">&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2gzo11e6RI/AAAAAAAABi4/nRWvrtBsmD0/s320/Silvia+Garcia.JPG" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433649727161690386" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Silvia Garc&#237;a (Provincia del Chaco, Argentina, 1970).&lt;/strong&gt; Desde el a&#241;o 2000 est&#225; radicada en Europa. Sus publicaciones son: &lt;em&gt;Calendario&lt;/em&gt; (2005, poemas), &lt;em&gt;Cuentos de Hadas&lt;/em&gt; (2006, poemas), &lt;em&gt;El mundo est&#225; lleno de sorpresas&lt;/em&gt; (2006, microrrelatos), todas con Ediciones Corregidor, Buenos Aires. En 2007 obtuvo el premio de cuentos Ateneo de la Laguna (Tenerife) con la colecci&#243;n &lt;em&gt;Peque&#241;as historias de mujeres, hombres y animales&lt;/em&gt;. Su web: &lt;a href="http://www.silvia.cc/" target="_blank"&gt;Silvia Garc&#237;a.com&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3024056867429916830-199747562458685368?l=delamanchaliteraria.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>la mancha</title>
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    <title>la mancha</title>
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    <published>2010-02-02T05:36:00+00:00</published>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2hIB5Pha_I/AAAAAAAABjY/IA3ANT9RBYU/s400/ednodio.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433672147805498354" onload="resizeImage( this )" alt=""/&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;foto de Arisa Terada&lt;/p&gt;</summary>
    <content type="html">&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2hIB5Pha_I/AAAAAAAABjY/IA3ANT9RBYU/s400/ednodio.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433672147805498354" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;div align="center"&gt;foto de Arisa Terada&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Ednodio Quintero (Las Mesitas, Venezuela, 1947).&lt;/strong&gt; Desde 1965 reside en M&#233;rida (Venezuela), ciudad a la que lleg&#243; para estudiar Ingenier&#237;a Forestal y en cuya universidad ha sido, durante muchos a&#241;os, profesor de Letras y Medios Audiovisuales. Su obra narrativa ha sido reconocida con los m&#225;s importantes premios literarios que se conceden en su pa&#237;s. Es autor de los vol&#250;menes de cuentos &lt;em&gt;La muerte viaja a caballo&lt;/em&gt; (1974), &lt;em&gt;Volver&#233; con mis perros&lt;/em&gt; (1975), &lt;em&gt;El agresor cotidiano&lt;/em&gt; (1978), &lt;em&gt;La l&#237;nea de la vida&lt;/em&gt; (1988), &lt;em&gt;Cabeza de cabra y otros relatos&lt;/em&gt; (1993), &lt;em&gt;El combate&lt;/em&gt; (1995) y &lt;em&gt;El coraz&#243;n ajeno&lt;/em&gt; (2000). Ha publicado las novelas: &lt;em&gt;La danza del jaguar&lt;/em&gt; (1991), &lt;em&gt;La bailarina de Kachgar&lt;/em&gt; (1991), &lt;em&gt;El rey de las ratas&lt;/em&gt; (1994), &lt;em&gt;El cielo de Ixtab&lt;/em&gt; (1995), &lt;em&gt;Lecci&#243;n de f&#237;sica&lt;/em&gt; (2000), &lt;em&gt;Mariana y los comanches&lt;/em&gt; (Candaya, 2004) y &lt;em&gt;Confesiones de un perro muerto&lt;/em&gt; (2006). La editorial Candaya ha publicado el primer volumen de sus cuentos completos, &lt;a href="http://www.candaya.com/combates.htm" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;Combates&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;. Tambi&#233;n ha escrito dos libros de ensayo: &lt;em&gt;De narrativa y narradores&lt;/em&gt; (1996) y &lt;em&gt;Visiones de un narrador&lt;/em&gt; (1997); y dos guiones cinematogr&#225;ficos: &lt;em&gt;Rosa de los vientos&lt;/em&gt; (1975) y &lt;em&gt;Cubagua&lt;/em&gt; (1987).&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3024056867429916830-1909465667817533733?l=delamanchaliteraria.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>la mancha</title>
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    <title>LA PRISIONERA</title>
    <updated>2010-02-03T20:07:17+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T05:36:00+00:00</published>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;span&gt;
      &lt;em&gt;
        &lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/carlosfranz/" target="_blank"&gt;Carlos Franz&lt;/a&gt;
      &lt;/em&gt;
    &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2meLN-mrmI/AAAAAAAABjg/vfzyhz0KQxQ/s400/la+prisonera.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434048340967206498" onload="resizeImage( this )" alt=""/&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/carlosfranz/" target="_blank"&gt;Carlos Franz&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2meLN-mrmI/AAAAAAAABjg/vfzyhz0KQxQ/s400/la+prisonera.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434048340967206498" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span&gt;ilustraci&#243;n de &lt;a href="http://necomicon.blogspot.com/2007/07/n-files-7-laura-gulino.html" target="_blank"&gt;Laura Gulino&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Boris Mamani cruz&#243; el antejard&#237;n de la comisar&#237;a. Siempre lo alegraba la voluntad que emanaba de ella: el alba inocencia de las piedras encaladas, ordenadas en filas, y el m&#225;stil en cuyo tope flameaba la bandera tricolor, incrustada en el cielo azul incandescente. Este nuevo edificio del ret&#233;n hab&#237;a sido una de las obras principales de su alcald&#237;a. Y &#233;l lo visitaba como quien frecuenta la casa de sus hijos, sin querer entrometerse y, a la vez, incapaz de desentenderse de su destino. El carabinero de guardia se asom&#243; en la estrecha garita del centinela y se llev&#243; la mano a la visera, salud&#225;ndolo respetuosamente. O quiz&#225; s&#243;lo lo hac&#237;a para respirar un poco: la amplia mancha de sudor bajo su axila quedaba a la vista. Mamani le devolvi&#243; el saludo con un asentimiento de la cabeza, sin detenerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Boris Mamani era un hombre de piel cobriza y pelo liso y negro, sin una cana a pesar de que ya frisaba la cincuentena. Era bajo y robusto. Pero no gordo, sino m&#225;s bien macizo, s&#243;lido como los troncos de los algarrobos achaparrados en la linde del oasis con el desierto. Se mov&#237;a administrando su centro de gravedad con tanto cuidado como hac&#237;a con su poder e influencia. Visto de lejos, se desplazaba con la ligereza de un planeta en el espacio, suave e inaudible. Pero cuando se deten&#237;a en alg&#250;n sitio, nadie pod&#237;a dejar de sentir la atracci&#243;n compacta de su masa, que obligaba a otras vidas m&#225;s livianas a girar como sat&#233;lites en su &#243;rbita. Hab&#237;a sido alcalde por tres per&#237;odos en Pampa Hundida. Era due&#241;o de tantos negocios como aquellos otros que controlaba sin que se supiera. Desde los vi&#241;edos de exportaci&#243;n que produc&#237;an dos vendimias al a&#241;o, en ese perpetuo verano del tr&#243;pico seco, hasta las explotaciones de yodo en los salares que rodeaban al oasis. Y toda esa importancia la hab&#237;a construido sobre los fundamentos de la pobreza casi absoluta que sufri&#243; en su ni&#241;ez. Los ciudadanos m&#225;s viejos -es decir, los capaces de ver en cada destino el cumplimiento de una profec&#237;a- sol&#237;an recordar al jovencito, hijo de una familia ind&#237;gena de caciques empobrecidos, que trabajaba de aprendiz de carnicero en el mercado, destazando llamas. Algunos aseguraban que ya en aquel entonces hab&#237;an reconocido, en el modo suave y hasta cort&#233;s que ten&#237;a de degollar al animal, tap&#225;ndole los ojos con la otra mano, un atisbo del modo en que Mamani llegar&#237;a a controlar los destinos del oasis, restaurando la tradici&#243;n de sus antepasados curacas, cortando las gargantas de sus enemigos, no sin antes distraerlos para que no se dieran ni cuenta. Y todo sin subir jam&#225;s la voz, ni bajarse de esa urbanidad tan distante -suya, o de su raza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani cruz&#243; la sala de guardia y golpe&#243; con dos dedos en la puerta del oficial al mando, el teniente Acu&#241;a. Estaba abierta, pero &#233;l se qued&#243; en el umbral, aguardando con innecesaria modestia la autorizaci&#243;n para entrar. El oficial sali&#243; de atr&#225;s de su escritorio y vino a recibirlo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Don Boris, gracias por la puntualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un oficial joven, moreno y puntilloso, y &#233;ste era su primer puesto de mando. Las mejillas reci&#233;n rasuradas desped&#237;an, desde ciertos &#225;ngulos, un brillo acerado. Lo que le daba al rostro un aire de santidad. Parec&#237;a el candidato perfecto a un martirio profesional &#8212;y Mamani lo apreciaba por eso&#8212;: uno de esos carabineros que se arrojan a las v&#237;as, al paso de un tren, para salvar a un ni&#241;o. Y luego reciben una medalla p&#243;stuma, depositada sobre el ata&#250;d envuelto en la bandera nacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven teniente se volvi&#243; hacia la mujer que ocupaba una de las dos sillas de metal, frente a su escritorio, y se la present&#243;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;La asistente social de la Direcci&#243;n de Prisiones, se&#241;orita Br&#237;gida Caba&#241;as.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Boris Mamani se inclin&#243; cort&#233;smente, recogi&#243; una mano regordeta, observ&#243; a la mujercilla apretada en un vestido de gasa celeste que hac&#237;a juego con sus ojos azulinos, e intent&#243; no ver &#8211;o que no se le notara que ve&#237;a- la caspa de la soriasis que le descascaraba el rostro rojizo, el cuero cabelludo visible entre los dorados del alto peinado, en forma de casco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Encantado &#8212;murmur&#243;, delicadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego tom&#243; asiento en la otra silla. Estir&#243; el brazo, descorriendo la manga de su traje color vainilla hasta descubrir el reloj de oro y controlarlo de reojo, estipulando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Me tienen a su disposici&#243;n. &#191;Ya lleg&#243; la prisionera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;La se&#241;orita Br&#237;gida la trajo desde la c&#225;rcel de Iquique, esta ma&#241;ana. Est&#225; en la celda de aislamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Habr&#225; papeler&#237;a que firmar, me imagino. Quiz&#225;s la se&#241;orita asistente querr&#225; explicarme mis deberes, como empleador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El teniente y la asistente social se observaron por sobre el escritorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Por supuesto, la se&#241;orita Br&#237;gida...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Estoy a cargo de este programa de rehabilitaci&#243;n de prisioneros -lo interrumpi&#243; la asistente social, sonriendo con cierta rencorosa humildad, como si se excusara por obligarlos a mirar su rostro descamado-. En la Direcci&#243;n de Prisiones estamos muy esperanzados con este plan piloto. Y muy agradecidos por su voluntad de colaborar en esta primera experiencia, se&#241;or Mamani. Se trata de prisioneros o prisioneras sin una peligrosidad especial...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Boris Mamani pens&#243; en Matilde, la esmirriada muchacha, casi una ni&#241;a desnutrida, que no pesar&#237;a m&#225;s de cuarenta y cinco kilos cuando la conoci&#243; en el prost&#237;bulo de la Rosita. Sonaba extra&#241;o afirmar que no era especialmente peligrosa, cuando hab&#237;a ido a la c&#225;rcel por matar a un hombre. Quem&#225;ndolo vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;S&#233; lo que est&#225; pensando. Matilde fue condenada a veinte a&#241;os por homicidio. Sin embargo, durante estos cinco a&#241;os en la penitenciar&#237;a ha sido una presa ejemplar, trabajadora y respetuosa. Por eso se la escogi&#243; para esta primera experiencia. Y adem&#225;s, como sabe, aquello fue un crimen pasional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La asistente dej&#243; escapar esto &#250;ltimo con un extra&#241;o arrebato, como si envidiara -y a la vez le repugnara-, la palabra &#8220;pasi&#243;n&#8221;. Mamani record&#243; el expediente que le hab&#237;an mandado un mes antes, cuando le escribieron proponi&#233;ndole contratar a Matilde. La hoja de su sentencia resum&#237;a el crimen: hab&#237;a asesinado a su &#8220;compa&#241;ero sentimental&#8221;, un delincuente conocido como el Cara de Hombre, en la cama, mientras &#233;ste dorm&#237;a la borrachera. El informe no daba detalles, pero Mamani los conoc&#237;a de mucho antes. Lo hab&#237;a atado a la cama con cinta de embalar, lo hab&#237;a rociado con parafina, y despu&#233;s le hab&#237;a prendido fuego. El juez le dio s&#243;lo veinte a&#241;os, considerando su juventud al momento de cometer el delito -ten&#237;a veinti&#250;n a&#241;os- y las met&#243;dicas palizas que el Cara de Hombre le propinaba. Luego de cinco a&#241;os de buena conducta, Matilde se hab&#237;a hecho &#8220;elegible&#8221; para este plan de rehabilitaci&#243;n. En alguna entrevista, la asistente social hab&#237;a logrado sacarle, muy a rega&#241;adientes, el nombre de alguien que, quiz&#225;s, pudiera dar buenas referencias suyas y, tal vez, ofrecerle un empleo: don Boris Mamani, ex alcalde y permanente magnate de Pampa Hundida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Me he informado -le respondi&#243; Mamani, suavemente, a la asistente social&#8211;. Quiz&#225; podr&#237;amos ir al grano: yo dispongo de un empleo para ella. A prueba, naturalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las miradas del teniente Acu&#241;a y de la se&#241;orita Br&#237;gida Caba&#241;as volvieron a encontrarse por sobre el escritorio. Finalmente el teniente carraspe&#243;, visiblemente inc&#243;modo, y estir&#243; la mano en direcci&#243;n a la asistente, invit&#225;ndola a explayarse. &#201;sta enrojeci&#243; a&#250;n m&#225;s, barriendo con su manito regordeta, de u&#241;as barnizadas, la pechera de su vestido de gasa celeste. Era un mal color para disimular la caspa, y Mamani lament&#243; tener que mirarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Sentimos tanto haberlo hecho perder el tiempo. Ha surgido un problemita, don Boris -musit&#243; la asistente social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Qu&#233; clase de &#8220;problemita&#8221;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Es un poco embarazoso... En fin, ahora la interna, bueno, Matilde, no quiere ese empleo con usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Y entonces qu&#233; quiere? &#191;Seguir presa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La asistente social busc&#243; ayuda en la figura del joven carabinero, sentado muy recto al otro lado del escritorio. Su barbilla impecablemente rasurada subi&#243; y baj&#243; sobre la nuez, mientras el oficial tragaba la saliva amarga del deber. Por &#250;ltimo, clav&#243; la vista en un punto indefinido del espacio, levemente sobre el hombro derecho de Mamani, y le dijo de un tir&#243;n:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;La prisionera cambi&#243; de parecer. Ahora dice que no quiere emplearse, sino que quiere casarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Casarse -refrend&#243; lentamente Mamani, por si, al repetirla, esa palabra ganaba en significado-. &#191;Y con qui&#233;n?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El oficial desvi&#243; un segundo la vista fij&#225;ndola en &#233;l y le contest&#243;, con un hilo de voz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Con usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un silencio, triangulado por las miradas de los asistentes que se encontraban y se evitaban, rebotando hacia las desnudas paredes de concreto, hacia el anaquel sin libros, ocupado por unos galvanos en testimonio de alg&#250;n olvidado m&#233;rito policial. Por fin, el teniente agreg&#243;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Durante el viaje hacia ac&#225;, por el desierto, la prisionera dice haberse dado cuenta de que no podr&#237;a trabajar en un negocio suyo, don Boris. No podr&#237;a sin, bueno, es un poco absurdo repetirlo, sin sentirse atra&#237;da hacia usted. Y entonces una cosa llevar&#237;a inevitablemente a la otra y, seg&#250;n ella, terminar&#237;a siendo su amante, cosa que su dignidad no le permite. Por lo tanto, afirma que el &#250;nico contrato que aceptar&#225; con usted es uno...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;...de matrimonio &#8212;intent&#243; abreviar Mamani&#8212;. D&#233;jeme ver si lo entend&#237;: &#191;esta prisionera me pide matrimonio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Afirmativo, don Boris -exclam&#243; el joven teniente, respirando aliviado; pero enseguida se moj&#243; los labios con la punta de la lengua, se corrigi&#243;-. O m&#225;s bien, no. Negativo. La prisionera no ha dicho que ella lo pide; sino que usted debe pedirla en matrimonio. Si es que quiere que se quede.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani se reacomod&#243; en la silla, como hacen las personas robustas, levantando una nalga primero y luego pasando el peso a la otra. De pronto sent&#237;a que su cuidadoso centro de gravedad, el pivote sobre el cual hab&#237;a hecho girar su existencia, se hab&#237;a movido: un leve desplazamiento hacia un universo paralelo, m&#225;s all&#225; de la lucha por el poder. Leve, pero bastaba para hacerlo sentirse confundido. Era como si, por una vez, el sol experimentara la atracci&#243;n de la tierra, y no al rev&#233;s. Nunca hab&#237;a pensado en casarse, nunca se hab&#237;a dado el tiempo. Siempre estuvo demasiado ocupado, con proyectos nuevos que no terminaban de realizarse cuando ya eran antiguos y hab&#237;a que pasar a otros. La tarea del ni&#241;o matarife, que degollaba cr&#237;as de llamas tap&#225;ndoles los ojos para que no sufrieran, nunca terminaba. Era una misi&#243;n de por vida, m&#225;s antigua que &#233;l, ven&#237;a con su linaje de caciques empobrecidos. Nunca hab&#237;a tenido el tiempo, ni la indulgencia consigo mismo, para pensar en otra cosa que trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Boris Mamani mir&#243; de hito en hito al teniente y a la asistente social. Luego se puso lentamente de pie. El teniente lo imit&#243;, atr&#225;s de su escritorio de metal:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Lamento haberlo hecho perder el tiempo, don Boris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani lo exculp&#243; con la mano izquierda. Y al mismo tiempo estir&#243; la otra hacia la se&#241;orita Br&#237;gida Caba&#241;as. &#201;sta se qued&#243; observando la mano fuerte y cobriza tendida frente a ella, sin tomarla. Y luego los ojos azulinos subieron hasta los del hombre, cargados de una humedad que casi los embellec&#237;a, que casi hac&#237;a olvidar la caspa en la frente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Ni siquiera va a ir a verla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No lo creo procedente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Usted es un caballero -pronunci&#243; la asistente social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Y eso qu&#233; tiene que ver? -le objet&#243; Mamani, bajando un poco m&#225;s la voz; cuando se irritaba, se obligaba a s&#237; mismo a ser todav&#237;a m&#225;s suave y humilde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque antes de que le respondieran sospech&#243; lo que ten&#237;a que ver. Se imagin&#243; a la solterona construy&#233;ndose, grado a grado, una carrera en el escalaf&#243;n penitenciario. La supuso entrevistando a Matilde, fascin&#225;ndose con la historia de esa asesina pasional, encari&#241;&#225;ndose con esa mujer de aspecto infantil. La sospech&#243; arm&#225;ndole un expediente de buena conducta que pudiera devolverle la libertad, proponi&#233;ndola para ese plan piloto de rehabilitaci&#243;n. Seguramente, la redenci&#243;n de Matilde era su proyecto m&#225;s acariciado. Y la se&#241;orita Br&#237;gida Caba&#241;as no pod&#237;a figurarse una redenci&#243;n m&#225;s completa que la de una historia de amor. Con un &#8220;caballero&#8221;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani sospech&#243; todo eso. Y al mismo tiempo experiment&#243; una extra&#241;a, repelente y, a pesar de ello, poderosa solidaridad con la funcionaria regordeta y casposa. Deb&#237;a tener su misma edad, y hab&#237;a trabajado toda su vida en una prisi&#243;n. Le result&#243; desagradable y misteriosamente f&#225;cil evocarla: sentada a solas en el tocador de un dormitorio lleno de gatos, macram&#233; y novelas rosa, unt&#225;ndose cremas nuevas para su soriasis, y luego dejando que el atardecer del d&#237;a domingo, en el espejo, fuera apiad&#225;ndose de su desollado rostro de solterona. De alg&#250;n modo, no eran tan distintos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo. Voy a ver a la prisionera -se resolvi&#243; de pronto, pero aclarando-: S&#243;lo para convencerla de que est&#225; pidiendo una estupidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matilde estaba sentada en el borde del camastro de concreto, en la celda de aislamiento. El colch&#243;n de espuma, con forro floreado, le agregaba al ambiente una extra&#241;a obscenidad. A no ser por la reja, el lugar podr&#237;a haber sido un cub&#237;culo en el prost&#237;bulo de la Rosita. No era una asociaci&#243;n tan descabellada, pens&#243; Mamani. Desde otra celda ven&#237;a una cantinela, un solo verso de esos huaynitos trist&#237;simos, del altiplano, rumiado y rumiado por la lengua de un borracho. La libertad puede llegar a ser inalcanzable y dolorosa como el deseo. Pero al menos &#233;ste era un recinto m&#225;s moderno y limpio que los del burdel. Lo iluminaba una claraboya enrejada, en el techo, de la que ca&#237;an cinco o seis rayos de sol pesados y macizos, como otros tantos barrotes, rodeando y nimbando a la mujer sentada. Mamani la estuvo contemplando por unos segundos, bajo esa luz cenital. Matilde cruzaba las manos sobre el regazo de un vestido blanco que contrastaba con su piel mate, e inclinaba la cabeza medio velada por su pesada melena de pelo casta&#241;o. Con sus zapatos de taco alto, la falda estirada hasta las rodillas, y el escote discreto, Matilde parec&#237;a la imagen de una muchachita en busca de empleo. Y s&#243;lo entonces, s&#243;lo despu&#233;s de dejarse contemplar de ese modo, ella alz&#243; la mirada hacia Mamani. Llev&#243; hacia &#233;l los ojos oscuros, un poco achinados, y le sonri&#243;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani pens&#243; que estaba igual. O a&#250;n m&#225;s hermosa, si fuera posible. Era de esas mujeres morenas, cuya piel no la estraga el tiempo, sino que m&#225;s bien la bru&#241;e. Y s&#243;lo la sonrisa hab&#237;a cambiado. Una d&#233;cada antes, a sus diecis&#233;is a&#241;os, en el prost&#237;bulo de la Rosita, era esa boca ancha, llena de risa, la que lo recib&#237;a en el patio de baldosas coloradas, bajo la parra. La risa siempre a flor de boca. Y ahora se trataba apenas de una sonrisa, delineada con las comisuras de los labios, sin dejar ver los dientes. No se pod&#237;a decir, sin embargo, que hubiera tristeza o reserva en esa sonrisa. M&#225;s bien, experiencia. Era una sonrisa que equival&#237;a a todo lo que no se puede contar de una vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Pens&#233; que no iba a querer verme, don Boris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Me dio un poco de susto. Pero lo venc&#237;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Usted siempre venci&#233;ndose a s&#237; mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matilde golpe&#243; suavemente con la mano el sitio junto a ella en el camastro, indic&#225;ndole que se sentara. &#201;l lo hizo, cuidando de no rozarla. Ahora parec&#237;an dos pasajeros en el compartimiento de un tren, s&#243;lo que &#233;ste no se mov&#237;a, y el muro contiguo, en lugar de una ventanilla, dejaba ver un tosco coraz&#243;n grabado en el enlucido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Est&#225;s igual -le dijo Mamani, por decir algo-. Incluso m&#225;s linda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Antes nunca me dijo linda. Dec&#237;a que me encontraba rica. &#191;Se me ha puesto sentimental, con los a&#241;os, don Boris?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rica, s&#237;. Como un alimento, como un trago de buen vino que se olfatea, y se paladea, y luego se traga. &#8220;Putita rica&#8221;, le dec&#237;a, porque ella le ped&#237;a que la llamara de ese modo, cuando estaba debajo de &#233;l. Mamani sinti&#243; que enrojec&#237;a un poco, las palmas de las manos le transpiraban, y tuvo que sacar el pa&#241;uelo blanco del bolsillo del pecho, para sec&#225;rselas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Lo hago sudar? -le pregunt&#243; ella, sonriendo s&#243;lo un poquito m&#225;s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Quiz&#225; no les pusimos suficiente aireaci&#243;n a estas celdas. Me preocup&#233; de cada detalle, pero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;En la Perrera &#8211;&#8220;la Perrera&#8221;, llamaban las ni&#241;as, quiz&#225;s por qu&#233;, al prost&#237;bulo de la Rosita- yo ten&#237;a que cambiar las s&#225;banas despu&#233;s de estar con usted. Las dej&#225;bamos empapadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani prefiri&#243; mirar el tosco coraz&#243;n, grabado en la pared. Y se le escap&#243; un:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Lo siento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la distancia de una d&#233;cada parec&#237;a grotesco, y sin embargo casi imperativo, excusarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Pero por qu&#233; se disculpa, si a m&#237; me gustaba? &#191;Ya se olvid&#243;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, claro que no lo hab&#237;a olvidado. Esa muchacha flaca, esa ni&#241;a casi, gustaba de ponerse encima de su cuerpo desnudo, empapado despu&#233;s del sexo, y jugaba a resbalarse sobre &#233;l, desliz&#225;ndose en su sudor, y le lam&#237;a las tetillas y bajaba hasta la hendidura de su vasto ombligo, y beb&#237;a de all&#237;, y luego se escurr&#237;a a&#250;n m&#225;s hasta quedar entre sus piernas, y all&#237; se echaba su miembro lacio a la boca y lo masticaba suavemente, hasta reanimarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani intent&#243; disciplinarse, pensando en otra cosa. Era bueno para la disciplina. Se trataba de concentrarse en la faceta menos agradable de cada situaci&#243;n, y mirarla fijamente hasta que fuera posible abarcarla y controlarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Me contaron de tu condici&#243;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Mi exigencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Te das cuenta de que te est&#225;s farreando tu oportunidad? &#191;De que te condenas a seguir en la c&#225;rcel?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No puedo trabajar para usted. Terminar&#237;amos en la cama. Y una vez usted ya me ech&#243; de ah&#237;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Trabaja para otro, entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Me interesa usted, no la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Lo que pides es absurdo, una locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;No era eso lo que tuvimos entre nosotros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#161;Nadie me va a obligar a m&#237;!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani se sorprendi&#243; subiendo la voz; y tuvo que respirar hondo, enderez&#225;ndose, para detener las palabras que segu&#237;an y tirar de ellas hacia abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie lo obligar&#237;a... Boris Mamani mir&#243; los peque&#241;os pies de Matilde, calzados en sus zapatos de taco alto, y por alg&#250;n motivo pens&#243; en los pies desnudos de su madre, escarchados, descongel&#225;ndose junto al fuego que ella misma encend&#237;a cada ma&#241;ana. Pens&#243; en las ojotas de tiras de neum&#225;tico de su padre, inquilino en tierras ajenas. Pens&#243; en sus nueve hermanos que tambi&#233;n hab&#237;an trabajado para otros. Pens&#243; en los reba&#241;os de llamas que alguna vez hab&#237;a carneado s&#243;lo a cambio de la comida, y que luego fue comprando uno a uno. Tal como hab&#237;a adquirido, de parcelita en parcelita, las tierras &#225;cidas del oasis para poner a su clan a laborar en ellas. No, nadie lo hab&#237;a obligado a trabajar as&#237;, de sol a sol, en proyectos de irrigaci&#243;n, de regad&#237;o gota a gota, computarizado, hasta criar esos racimos de uva de mesa c&#243;nicos, gigantescos y dulc&#237;simos, sin pepa, utop&#237;as del desierto, que ahora se vend&#237;an a precio de oro, en medio del invierno, en la costa este de los Estados Unidos. No, nadie lo hab&#237;a obligado tampoco a permanecer soltero. S&#243;lo el mandato de su voluntad que le dec&#237;a que el matrimonio era una versi&#243;n innecesariamente complicada -y m&#225;s onerosa- de su visita semanal al mejor prost&#237;bulo de Pampa Hundida, donde hab&#237;a conocido a Matilde. No. Hab&#237;a hecho todo eso justamente para que nadie pudiera poseerlo, como hab&#237;an pose&#237;do a sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Nadie me va a obligar a nada -repiti&#243; &#233;l, en voz baja-. Y menos a casarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;S&#243;lo usted puede obligarse, &#191;verdad, don Boris? Tanto que se ha obligado, toda su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani no supo qu&#233; era peor, si la sonrisa de labios apretados, inescrutable, de la muchacha, o la transparencia con la que ella pod&#237;a leer sus pensamientos. Era extra&#241;o, pero, de pronto, motivado quiz&#225;s por esta desnudez que experimentaba junto a Matilde, Boris Mamani acept&#243; la verdad de esa &#8220;locura&#8221; que ella hab&#237;a mencionado. La sinti&#243; con claridad, como no la hab&#237;a sentido en una d&#233;cada desde que dej&#243; de pedir a la muchacha en el prost&#237;bulo. Sinti&#243; la locura que hab&#237;a sido poseerla y dejarse poseer por ella. La locura de entregarse a esa ni&#241;a delgad&#237;sima, adolescente y a la vez madura, y dejarla hacer con su cuerpo cosas que &#233;l ignoraba haber siquiera deseado. Cosas que tampoco pod&#237;a entender d&#243;nde y cu&#225;ndo hab&#237;a aprendido ella. En qu&#233; sitio innombrable de una infancia de la que no quiso saber nada, pero que supuso parecida a la suya. Cosas, en todo caso, que ella, la ni&#241;a, le ense&#241;aba a &#233;l, el hombre, el Alcalde, el cacique. Y que no s&#243;lo se las ense&#241;aba en la pr&#225;ctica, sino que tambi&#233;n se las dec&#237;a al o&#237;do, susurr&#225;ndole mientras jadeaba debajo de &#233;l: &#8220;P&#237;dale con confianza a su putita rica, p&#237;dale m&#225;s de esto a su putita&#8221;. Y luego no s&#243;lo &#233;l, sino ella tambi&#233;n, acababa, se ven&#237;a, y se re&#237;a con esa sonrisa de oreja a oreja que ten&#237;a entonces, y le dec&#237;a: &#8220;&#161;Ya me pas&#243; un gol!&#8221;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Usted me pasaba goles, don Boris. Siempre. &#191;Ya se olvid&#243;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8220;Goles.&#8221; As&#237; llamaban las putas a un orgasmo involuntario, que se les escapara con un cliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani volvi&#243; a sentir un acceso de deseo. Un vac&#237;o en el pecho que nac&#237;a de las ra&#237;ces del escroto. Cre&#237;a haber dominado esa parte de su cuerpo, hac&#237;a varios a&#241;os, pero ahora &#233;ste, completo, se le rebelaba. Su cuerpo volv&#237;a a estar junto al de la muchacha de senos peque&#241;os y duros como manzanas, siguiendo sus instrucciones: su mano derecha volv&#237;a a estar insertada en esa vagina apretada, aferrando entre el pulgar y los cuatro dedos el hueso de su pelvis, masturb&#225;ndola. Mamani sinti&#243; una casi insoportable tirantez del pantal&#243;n, en las ingles, y tuvo que suspirar, conteniendo la ira de desconocerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matilde le palme&#243; la rodilla, suavemente, deteniendo el bamboleo nervioso de la pierna de &#233;l:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Ya. Ya va a pasar. Respire hondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;As&#237; lo haces t&#250;, en la c&#225;rcel? -le murmur&#243; Mamani, rabiosamente-. &#191;O te pajeas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sonrisa inescrutable se extendi&#243; un poco. Un matiz m&#225;s cerca de la tristeza:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;As&#237; me sent&#237;a yo, cuando usted dej&#243; de pedirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Es por eso que viniste, entonces. Me guardas rencor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Menos del que se tiene usted mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No hay compromisos entre putas y clientes. Yo nunca te ofrec&#237; nada m&#225;s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No se ofrece s&#243;lo con palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Dej&#233; de pedirte porque me cans&#233; de ti. Quer&#237;a variar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matilde se enderez&#243; en la punta del camastro. Tras los barrotes de luz, que ca&#237;an de la claraboya enrejada, su sonrisa oscil&#243; de nuevo, ahora hacia la dicha:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Todo lo contrario. Dej&#243; de pedirme porque sinti&#243; que ya no iba a querer pedir a ninguna otra. Nunca m&#225;s. Y eso le dio miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani la observ&#243;, desconcertado. &#191;Ser&#237;a cierto? &#191;Y ser&#237;a cierto que la muchacha lo hab&#237;a sabido, todo el tiempo? &#191;Sabr&#237;a la prisionera que ella era libre, y &#233;l no? &#191;Sabr&#237;a que era esa libertad lo que &#233;l m&#225;s deseaba de ella? Esa libertad en el prost&#237;bulo o la c&#225;rcel, esa libertad en la prisi&#243;n. Esa libertad, tambi&#233;n, de s&#237; mismo, a la que ella lo asomaba. Esa muchacha de risa infantil hab&#237;a tenido una llave que &#233;l nunca tuvo, la que abr&#237;a la puerta de su propia celda. Y la mujer de sonrisa inescrutable segu&#237;a teni&#233;ndola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto lo invadi&#243; una sensaci&#243;n amarga, de profunda miseria, como no la experimentaba desde su primera adolescencia, cuando se levantaba antes del sol para ir al corral del matadero a seleccionar las llamitas que degollar&#237;a ese amanecer. Toda su riqueza y su poder, tan laboriosamente acumulados, no lo hab&#237;an separado de esa miseria. Su vida hab&#237;a consistido en degollar, dentro de &#233;l, con el cuchillo de su voluntad, al peque&#241;o animal de su deseo, que pujaba por liberarse y escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matilde estir&#243; el brazo, a trav&#233;s de los barrotes de sol, llevando su mano hasta acariciar la mejilla de Mamani. Lo hizo como si, m&#225;s que intuir, pudiera ver y tocar a ese animalito que luchaba por escapar, como si pudiera inclinarse sobre la humillaci&#243;n y el sojuzgamiento. Y acariciarlo, liberarlo. Mamani evitaba moverse, consciente de que un peque&#241;o giro de su cabeza bastar&#237;a, y se encontrar&#237;a besando esa mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Se acuerda de cuando usted me pag&#243; el arreglo de los dientes, don Boris?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani tuvo que hacer un esfuerzo para salir de su amargura y recordarlo. Diez a&#241;os antes, la sonrisa ancha de la muchacha era lo &#250;nico en ella que no parec&#237;a perfecto. Una quebradura, alguna caries, un hueco en una comisura por donde se atisbaba esa infancia de la que &#233;l no hab&#237;a querido saber nada; salvo que podr&#237;a haber sido como la suya. No supo por qu&#233; lo hac&#237;a, pero, en alg&#250;n arrebato, junto con la paga de una noche, le dio dinero para el dentista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No fue nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Para usted, quiz&#225;s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No me debes nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No. Pero a&#241;os despu&#233;s, cuando el Cara de Hombre me rompi&#243; los dientes... -un destello agrand&#243; los ojos de Matilde-. Por eso fue que lo mat&#233;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamani se puso de pie. Quiz&#225; lo hizo demasiado r&#225;pido, porque sinti&#243; un peque&#241;o mareo, le cost&#243; volver a su centro de gravedad. La mano de Matilde quedaba en el aire, en el lugar que hab&#237;a abandonado la mejilla de &#233;l.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentando no voltear a mirarla, Boris Mamani camin&#243; hacia la puerta de la celda, y se detuvo en el umbral. Una luz abrasadora, s&#243;lida como una muralla en llamas, lo aguardaba en el patio. Y en alguna parte de ese fuego estaba el cuchillo de su voluntad, esperando para degollarlo, nuevamente. Desde la puerta, sin volverse, le pregunt&#243; a Matilde:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Es tu &#250;ltima palabra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Si quiere tenerme, tendr&#225; que pedirme matrimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, Mamani se volvi&#243; a mirarla. En la semipenumbra de la celda, sus ojos deslumbrados distinguieron una cosa, solamente: la sonrisa de Matilde, cada vez m&#225;s ancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;Del libro: &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.casadellibro.com/libro-la-prisionera/1619277/2900001352368" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;La prisionera&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;span&gt;, Alfaguara, 2009&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3024056867429916830-1870655991499224570?l=delamanchaliteraria.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>LA PRISIONERA</title>
      <updated>2010-02-03T20:07:17+00:00</updated>
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    <title>EL C&#205;RCULO DEL P&#201;NDULO LUMINOSO</title>
    <updated>2010-02-03T20:07:17+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T05:36:00+00:00</published>
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    <content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;a href="http://israelcenteno.blogspot.com" target="_blank"&gt;Israel Centeno&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2g_OT1bVUI/AAAAAAAABjA/S21t2qbx5Bo/s400/bavlatsky.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433662465497584962" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germand sinti&#243; un reloj de arena volcarse dentro de su pecho, soplaba el Mistral, su caja tor&#225;cica se crispaba. &#201;l y el viento c&#243;nsonos, persistentes, &#225;speros. Los Cristales hac&#237;an a&#241;icos la luminosidad mediterr&#225;nea, fragmentos de luz sucia, ojos glaucos cubiertos por el ala de un murci&#233;lago. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germand Verne era un hombre de negocios. Le gustaba precisar que era un empresario en el ramo del turismo. Ten&#237;a un hotel, varias pensiones, un peque&#241;o casino y una casa de veraneo que ha servido como locaci&#243;n de exitosas pel&#237;culas pornogr&#225;ficas. Reconoce en su genealog&#237;a a una estirpe de piratas y aventureros corsos que incidieron an&#243;nimos y modestos en la historia del Mediterr&#225;neo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su padre, el viejo August Verne, fue un sobreviviente. En los tiempos de la ocupaci&#243;n alemana a Francia, Marsella era un hervidero de esp&#237;as, de gente que buscaba la manera de escapar, un mar saturado de peces llenos de carne. La pesca era segura y provechosa, se trabajaba con modestos e improvisados anzuelos, redes descosidas y hasta con las manos. Por ese entonces la fortuna de la familia Verne se consolid&#243;. August se encargaba de que no faltara canard o poisson fum&#233; en la mesa de quien lo pudiera pagar. Era un ecl&#233;ctico. Para un hombre pr&#225;ctico en momentos de desesperaci&#243;n y de guerra, el futuro de su familia, si atinaba en las decisiones, pod&#237;a verse entre puntos, como una pintura de Rembrandt. Fue natural que forjara pasaportes y salvoconductos e invirtiera en el negocio de las armas. No era un fil&#225;ntropo ni un patriota de la resistencia. Si hubiese necesidad de calificarlo, el nombre de August el sobreviviente le calzar&#237;a como la zapatilla a La Cenicienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manejaba la econom&#237;a del sobreviviente, una ecuaci&#243;n simple, &#8220;para salvarme, algunos deben huir y otros deben morir&#8221;. Es la mec&#225;nica intr&#237;nseca y sencilla de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estuvo frente a un dilema en casos como el de Monsieur C&#233;cil. Una ma&#241;ana estival le dijo que la libertad lo esperaba en un muelle clandestino, la Gestapo se encargar&#237;a de someterlo al insensible molinete de la realidad. Nunca llegar&#237;a al norte de &#193;frica, tampoco recomenzar&#237;a la vida en Am&#233;rica. Era un asunto de econom&#237;a, los fondos de C&#233;cil estaban exang&#252;es, el mundo s&#243;lo le pod&#237;a brindar ox&#237;geno en un campo de concentraci&#243;n. Ponderar &#233;stas y muchas otras circunstancias convert&#237;a al viejo August en un &#225;ngel del creador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germand sent&#237;a la ruda caricia del Mistral y el oto&#241;o llegaba a su vida, hab&#237;a incrementado la fortuna familiar en los tiempos de posguerra. Miraba la prosperidad con una fr&#237;a expresi&#243;n de sus ojos glaucos, esa mirada lo hizo confrontar a la verdad, desdibujada pero cierta, como deb&#237;a ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;C&#8217;est fini, el futuro est&#225; en Sudam&#233;rica &#8212;dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;M&#225;s all&#225; de la nata que cubr&#237;a sus ojos, unos figurines de papel graznaban en torno a las embarcaciones de pesca. Eran las gaviotas. Eligi&#243; una ciudad al azar, record&#243; a su estirpe, viajeros, piratas, comerciantes, buscadores de oro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &#193;vila surg&#237;a de la luz. As&#237; vio al cerro, pincelado. Desde la nada se ense&#241;oreaba como una totalidad de verdes pinares, espigas p&#250;rpuras y mates insistentes en el tronco y en las hojas de los eucaliptos. Lleg&#243; a Caracas con las emociones encontradas del descubridor y se intern&#243; en su caos con una cuenta abierta en euros. Actuaba por instinto, pensaba en la nueva Marsella resguardada por una fortaleza natural, el cerro. Compr&#243; un apartamento en una zona de clase media. Sal&#237;a cada ma&#241;ana a subir por los caminos del &#193;vila, saludaba a los excursionistas con entusiasta amabilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Todo bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respiraba con fuerza y ascend&#237;a por La Julia a un lugar llamado El Tanque, all&#237; se quedaba escuchando el rumor de una quebrada de agua y o&#237;a a la ciudad, tenue y soberbia. Viva, subversiva y cambiante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No perdi&#243; tiempo y se aboc&#243; a redise&#241;ar su inmueble. No tendr&#237;a m&#225;s de cien metros, uniformes y descoloridos. Disfrutaba del balc&#243;n, quer&#237;a poner romanillas coloniales, persianas de madera desde donde pudiera contemplar detr&#225;s de sus telara&#241;as a una de las avenidas de la urbanizaci&#243;n. Era una calle como una calle cualquiera de Marsella, &#225;rboles frondosos &#8212;apamates&#8212; un cami&#243;n de verdulero, se&#241;oras coquetas y cargadas en carnes regateaban al vendedor, ejecutaban una danza amorosa y lograban sacar buenos precios en los calabacines y en las berenjenas. Los vagos, eventuales asistentes del marchante, ofrec&#237;an sus servicios, pod&#237;an llevar bolsas repletas de tub&#233;rculos, frutas o ramas, reparar tuber&#237;as o reventarle el culo a la mujer del turco de la esquina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No perdi&#243; tiempo y puso manos a la obra, deb&#237;a reformar todo aquello antes de la llegada de la primavera a Francia. Hablaba un espa&#241;ol aprendido en Ibiza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Buen d&#237;a vecina, &#191;todo bien? Oh, la l&#225;. Hoy llueve y ma&#241;ana no, Venezuela es una loter&#237;a, un desastre, vecina, un absoluto desastre. &#191;&#231;a va? &#191;&#231;a va bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabaj&#243; en los planos de remodelaci&#243;n y decidi&#243; tumbar paredes, acabar con habitaciones y ba&#241;os y hacer de su hogar caraque&#241;o un gran sal&#243;n, un buen sitio para cocinar. Puso persianas de madera en la terraza y se convirti&#243; en el voyeur de la avenida de los apamates: All&#225; va la turca, all&#225; va, con el turquito atr&#225;s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Mon dieu &#8212;re&#237;a&#8212; Siento un vigoroso renacimiento espiritual &#8212;se llevaba las manos a los test&#237;culos y hac&#237;a un gesto en homenaje a la fertilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puli&#243; el m&#225;rmol del piso, hizo una barra en la cocina, cre&#243; una bodega para sus vinos. En las noches contemplaba a los vagos juntarse en la esquina, destapaban latas de cerveza, miraban al cielo m&#225;s all&#225; de las copas de los &#225;rboles y ol&#237;an coca&#237;na como si estuvieran poniendo alcanfor en sus narices. Germand tarareaba canciones de Gilbert B&#233;caud, su cara roja y cuadrada era la de un hombre tocado por una s&#250;bita espiritualidad. Cada ma&#241;ana una mueca acompa&#241;aba sus saludos. Era una expresi&#243;n de la nueva era, una afirmaci&#243;n de Derek Chopra. Saludaba a las plantas en sus porrones, a la ancienne madame que despintaba sus recuerdos en la sala de las &#225;reas comunes del edificio, al simp&#225;tico y salvaje vendedor de peri&#243;dicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se compr&#243; un Renault e hizo contactos con grupos esot&#233;ricos. Cre&#237;a en el p&#233;ndulo. Los maestros desencarnados se comunicaban en coordenadas y transmit&#237;an sus grandes ense&#241;anzas al mundo de las ilusiones. &#191;Era un m&#237;stico Germand Verne? Todos los piratas creen en los infiernos, en las almas atormentadas, sienten un horror reverencial por el m&#225;s all&#225; y buscan a&#250;n entre las llamaradas, mapas de tesoros ocultos, la salvaci&#243;n o una tarde de Rembrandt en el Sena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lumi&#233;re le hab&#237;a recomendado El C&#237;rculo del P&#233;ndulo Luminoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;All&#237; encontrar&#225;s tu destino, mon ami &#8212;le dijo una tarde de Mistral en Marsella. Al darle la espalda dej&#243; escapar una sonrisa hipeante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se equivoc&#243; Lumi&#233;re. All&#237; lo esperaba un coronel del ej&#233;rcito y Jacinta. Ambos muy interesados en Marsella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Siempre ha sido un refugio de aventureros &#8212;coment&#243; el coronel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Es un mito, cher ami. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Es una ciudad que sabe hacer negocios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Oh la l&#225;, mon ami, ha sido su raz&#243;n de ser. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jacinta acompa&#241;aba al oficial del ej&#233;rcito. Era esmirriada. Era elegante. Ella le sostuvo la mirada; luego de sonre&#237;rle le pregunt&#243;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Usted cree en la reencarnaci&#243;n?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Sin duda, amiguita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Cree usted que nuestro presidente es la reencarnaci&#243;n de alguien en especial?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No podr&#237;a asegurarlo un cien por ciento, pero me arriesgar&#237;a a creer que vuestro Libertador ha vuelto &#8212;se escuch&#243; un murmullo general en el sal&#243;n de sesiones&#8212;. O, nuestro Napole&#243;n ha reencarnado por estos lados &#8212;esta acotaci&#243;n la hizo en voz baja, pocos la escucharon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Sabe? &#8212;Prorrumpi&#243; el oficial, pasando un brazo por el hombro de su amigo marsell&#233;s&#8212; usted me gusta, es claro y tiene el don medi&#250;mnico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germand mostr&#243; sus dientes amarillos y estir&#243; el ment&#243;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;En tiempos de revoluci&#243;n social usted no puede eximirse de una relaci&#243;n &#233;tnica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verne volvi&#243; a mostrar su dentadura de due&#241;o de plantaciones de tabaco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Todo bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alzaron las copas y brindaron por V&#237;ctor Hugo, un gran espiritista. Un gran luchador social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jacinta era perfecta. No ten&#237;a nada en com&#250;n con las mujeres indias de Los Andes, nunca bajaba la cabeza ni elud&#237;a una mirada, orgullosa y segura de s&#237; misma, conoc&#237;a los misterios del conde de Saint Germain, la llama violeta, los secretos tel&#250;ricos de Mar&#237;a Lionza y las energ&#237;as intr&#237;nsecas de los procesos revolucionarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se convirti&#243; en el amor de Germand. &#201;l no cre&#237;a en el amor. Era su complemento, su af&#237;n. Los afines se buscan, se encuentran y se defienden. La afinidad se remontaba a la estirpe de Jacinta, era de la etnia way&#250;u, aventureros y contrabandistas &#191;algo en com&#250;n? Lo suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hab&#237;a que tomar decisiones. Las decisiones deb&#237;an ser oportunas y r&#225;pidas. Se aproximaba la primavera en Europa. Le restaba casarse. Entonces retornar&#237;a a Marsella, con una visi&#243;n distinta sobre el destino de sus negocios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ceremonia fue sobria. Pocos amigos, los del C&#237;rculo del P&#233;ndulo Luminoso, tres coroneles de las fuerzas armadas, las amantes de los coroneles y un hombre misterioso de barba cana. El matrimonio se consum&#243; una tarde calurosa, de poca brisa, h&#250;meda como todas las tardes calurosas de Caracas. Comenzaba la temporada de tormentas tropicales. Fuera los apamates resist&#237;an el peso del agua, las gotas ca&#237;an una tras otra como el asalto de una brigada de paracaidistas. El jefe civil fue al sal&#243;n, Germand record&#243; a August y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Mira lo lejos que hemos llegado, viejo, estamos en Caracas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descorcharon champa&#241;a y botellas de vino. Los oficiales se hab&#237;an hecho traer varias cajas de escoc&#233;s. Los militares, a trav&#233;s de sus campa&#241;as, aprenden verdades incuestionables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;El vino amariquea &#8212;largaban carcajadas mientras mov&#237;an con el dedo &#237;ndice el hielo de sus g&#252;isquis&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;Bastian Savagne era la mano derecha de Germand Verne. Un hombre endurecido por la vida en los bajos fondos. No cab&#237;a duda, era el hombre para Caracas. M&#225;s que un amigo, una herencia. El viejo Antoine Savagne fue el durmiente donde descansaba la supervivencia de August. En determinado tipo de negocios no basta una vida para ser un hombre de confianza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Hay nobleza en esto, somos una estirpe de piratas y traficantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germand era un hombre de pocas convicciones, pero &#233;sta era una de ellas. El marfil, la seda, las especies, la hero&#237;na, el oro y las mujeres que compraban los burdeles de Europa, entraban por Marsella. Un d&#237;a lleg&#243; la peste y la peste no acab&#243; con la tradici&#243;n milenaria. &#191;Y c&#243;mo no iba a llegar la peste? Era un exudante, a ella no sobrevivieron los aferrados al fr&#237;volo deseo de sobrevivir a la muerte. No fueron los hombres y sus vidas miserables los que sobrevivieron a la peste, fue Marsella, la inmortal. De esta madera estaba hecho Savagne, quiz&#225; por ello se negaba a extraviarse en un lugar remoto del tr&#243;pico, morir&#237;a, su nexo con la vida eran las gaviotas rasando al mar picado por el Mistral, o el falc&#243;n sobrevolando al Tramontano, los empedrados y los bares cerca del muelle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No, no, no &#8212;repet&#237;a. Mov&#237;a la cabeza de un lado a otro&#8212;. Tout va bien ici, no veo motivos para moverme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No te ir&#225;s de Marsella, Bastian, descubrir&#225;s que Marsella est&#225; en todo lugar, estar&#225;s al frente de nuestros negocios en Caracas. Odio decir cu&#225;nto te necesito, cocu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Qu&#233; es Caracas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;La nueva Jerusal&#233;n. No te pongas dif&#237;cil. Hice una conexi&#243;n, ampliaremos nuestros negocios. Finalement, Marsella se mueve hacia donde se mueve un marsell&#233;s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastian le pint&#243; una paloma con un gesto, le pidi&#243; que no le dijera mierdas, no se ir&#237;a a un lugar insano para ser devorado por la fiebre amarilla y los mosquitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Je t&#8217;en prie &#161;esa gente bebe whisky con banano!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Bastian &#191;Recuerdas a Papill&#243;n?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;A Henriette? &#191;Aquella vieja mentirosa y maricona?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germand le cont&#243; a su amigo que todo estaba listo, hab&#237;a hablado con los magreb&#237;es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Sobre ruedas, camarade, as&#237; marchan las cosas, no vengas a echar arena en el camino. S&#243;lo conf&#237;o en ti. Se trata s&#243;lo de pasar los inviernos en Caracas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Y el Mistral? &#8211; dijo &#8211; no, no, no, oublie &#231;a.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;Jacinta se miraba en la media luna del espejo. Se hab&#237;a contemplado en los espejos de agua de muchos r&#237;os, el cielo estaba abajo lleno de ondas y luces. El piso de Germand Verne era amplio y amable, el de Caracas era s&#243;lo un remedo. Llevaba la vida holgazana de una novela decimon&#243;nica, s&#243;lo le faltaba un amante. Visitaba a los miembros del C&#237;rculo del P&#233;ndulo Luminoso en Marsella, recib&#237;a visitas, tomaban el vermouth y trabajaba la llama violeta. Se convirti&#243; en promotora de los libros de Conny M&#233;ndez y como no ten&#237;a mala voz, en las veladas nocturnas se hac&#237;a acompa&#241;ar de un pianista y dejaba fluir en tono agudo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8220;&#8230; arrullamos a los ni&#241;os con el Himno Nacional.&#8221;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus invitados prorrump&#237;an en risas, algunas ir&#243;nicas, otras complacidas. Un sentimiento de la gran patria latinoamericana. Asent&#237;an.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#161;C&#8217;est la voix! &#161;Bravo, bravo Jacinta, ma petite way&#250;u!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, luego de varios pernods, el orgullo nacional se hac&#237;a franc&#233;s, todos, incluida Jacinta, cerraban la fiesta con La Marsellesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anfitriona se levantaba tarde, abr&#237;a las hojas de los ventanales y tomaba un ba&#241;o de espuma &#8220; Allons enfants de la patrie&#8230;&#8221; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;( &#161;Bah. Benito! &#161; Benito, trae champa&#241;a! debo enjuagar el aliento de Pepe le pu, es todo un sacrificio un beso franc&#233;s con este franc&#233;s.) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sumergida en la tina, miraba tras los ventanales a las gaviotas, les eran familiares, pero s&#243;lo eso, eran familia de las gaviotas que en realidad conoc&#237;a, los recortes en la luminosidad del Caribe, blanco sobre blanco, una gaviota. Por m&#225;s que sus nuevos amigos se empe&#241;asen en convencerla, Marsella no era luminosa, ni en verano. Con ese cuento a otros, hab&#237;a sol, luz, eso es distinto, pero era una luz degradada, no faltaba m&#225;s, hacia el gris. Si Rever&#243;n hubiese tenido su Castillete en esta ciudad, no habr&#237;a hecho brotar de la luz que ciega una forma, pens&#243;, y mientras bajaba la segunda copa de champa&#241;a, insist&#237;a en que las gaviotas en Marsella son figuras sobre un plomo enga&#241;ador, plomo blanquecino, pero plomo al fin. Los almendros se mecen en verano, un viento c&#225;lido enloquece a los citadinos, el malec&#243;n es gris m&#225;s ac&#225; del blanco posible en el Mediterr&#225;neo. Detalles, as&#237; pensaba. Marsella se parece a la muerte, luz mortecina de t&#237;sico, tornados de basura y sal con sabor a bronce. El viento soplaba sobre piedras ennegrecidas por la sangre de otros siglos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germand irrumpi&#243; en su ba&#241;o; ella cubierta por las espumas y medio borracha le pregunt&#243;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191; &#199;a va bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#161;Ah merde! &#8211; Le larg&#243; una sonora cachetada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#161;Pepe le pu! - Se ech&#243; agua en la cara para que no le corrieran las l&#225;grimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al d&#237;a siguiente Jacinta se marchaba a Par&#237;s. Calzaba zapatos sin tac&#243;n, la cubr&#237;a un vestido oscuro, era verano, y un par de gafas negras la dejaban sin mirada. Inescrutable y misteriosa. No llor&#243;, ni hizo una escena. No pidi&#243; explicaci&#243;n. Ella tambi&#233;n ten&#237;a sus negocios, un mandato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;Bastian Savagne se defin&#237;a como riguroso y disciplinado, virtud que retribuye rutinas. Temprano en las ma&#241;anas, se reun&#237;a con las bancas de apuestas, luego despachaba mercanc&#237;a hacia M&#243;naco; cuando el sol lanzaba su mirada oblicua sobre la ciudad, iba a un set de filmaci&#243;n, cerca del puerto, como un traficante de esclavos de la antigua Louisiana, tocaba, palmeaba, miraba detr&#225;s de las orejas, dentro de las bocas, entre las piernas a las mujeres que llegaban de Europa Oriental. Era el secreto del &#233;xito, ser fieles a las expectativas &#233;tnicas del mercado. Luego revisaba contratos, a&#241;os de servicio, incondicionalidad, las hac&#237;a firmar y les reten&#237;a el pasaporte. Con un beso en ambas mejillas les daba la bienvenida a la nueva vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba al hotel y abr&#237;a una ronda de negocios con inversionistas americanos, traficantes persas y magreb&#237;es. En la tarde oscura, se hac&#237;a acompa&#241;ar por un comisario de la polic&#237;a y tomaban un vermouth. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca dejaba por fuera a Germand, siempre coincid&#237;an, una, dos veces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastian Savagne y Germand Verne movilizaban el efectivo del d&#237;a a d&#237;a, ambos ten&#237;an acceso a la caja chica porque los pagos deb&#237;an hacerse a tiempo, eran quisquillosos, cuidaban de su reputaci&#243;n y de sus vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega el d&#237;a en que toda persona desaparece, algunos son heridos por un infarto o un derrame cerebral, otros van por la v&#237;a lenta y se apagan a plazos, otros son arrollados, abaleados o apu&#241;alados en la calle de la amargura. Nada de esto le sucedi&#243; a Bastian Sevagne el viernes en que le dijo adi&#243;s a Marsella. Como todos los viernes a la hora crepuscular, se dirig&#237;a al caf&#233; del muelle, ten&#237;a una reuni&#243;n con Gilgamesh. Bastian sal&#237;a del hotel sin guardaespaldas &#191;qui&#233;n siendo Savagne necesitaba guardaespaldas? Hay un momento para todo, el mejor amigo de Germand, el hijo del socio de August, fue abordado por dos corsos y lanzado a la parte trasera de una Renoleta. Lo golpearon, lo despojaron del dinero y lo tiraron sobre una alcantarilla en los suburbios. Apenas se dio tiempo para metabolizar la paliza, ten&#237;a dos costillas rotas, se arrastr&#243; hasta una cabina telef&#243;nica e hizo un par de llamadas. No hay que hacer un esfuerzo para interpretar sus increpaciones. &#8220;Hay que encontrarlos y matarlos&#8221; dir&#237;a; quiz&#225;. Germand repondr&#237;a el dinero a los persas, respir&#243;, sac&#243; de su bolsillo un cigarro, lo encendi&#243;, por sus mejillas corr&#237;an l&#225;grimas, una mala jornada, Germand no respond&#237;a, lo llam&#243; a la casa del amigo y al celular, la maldita voz de la cosa, el sonido atonal de una contestadora. Gilgamesh esperaba en el caf&#233;. Apag&#243; el cigarro y lo devolvi&#243; al bolsillo. Llam&#243; a Jean Villon, el asistente del socio, un bueno para nada, &#233;ste le dijo que Germand estaba en Par&#237;s. El corso maldijo su suerte, no era un hombre de frases, se negaba a pronunciar una frase: qu&#233; d&#237;a &#191;no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se comunic&#243; con las bancas para conseguir efectivo, todas ten&#237;an el dinero colocado, tardar&#237;an hasta el d&#237;a siguiente. Es un problema de liquidez, los persas entender&#225;n. Jean Villon lo recogi&#243; en su auto y fueron al caf&#233;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Unos hijos de puta me han asaltado, se llevaron su dinero &#8211; le escupi&#243; a Gilgamesh.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Siento que te hayan quitado tu dinero &#8211; el persa encend&#237;a un cigarro - el nuestro como siempre &#191;no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;No entiendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;S&#237;, te han robado &#8211; alz&#243; la mirada Gilgamesh, estaba sentado frente a un vaso de agua gaseada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Dame un d&#237;a, mon ami, mis hombres est&#225;n buscando a los desgraciados, no saldr&#225;n de Marsella, al menos no lo har&#225;n vivos &#8211; lanz&#243; una t&#237;mida y solitaria carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Pobre Bastian y sus problemas. &#161;Claro que comprendemos! &#8211; Dijo Gilgamesh- te esperamos hasta las doce, no puedo m&#225;s, t&#250; entiendes &#191;no? Yo tengo mis problemas, t&#250; tienes tus problemas, yo te ayudo un poquito &#8211; Le dio una chupada a su cigarro &#8211; anda, ve, ve, t&#243;malo con calma, yo espero. Hace una linda noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oscurec&#237;a y tras las nubes, sobre las d&#225;rsenas, se deslizaba una media luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rostro de Savagne enrojeci&#243; &#191;Plazos a &#233;l? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Tengo hasta que a m&#237; me de la gana, Gilgamesh.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Es un punto de vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Mi punto de vista vale en esta ciudad &#8211; se llev&#243; la mano debajo del saco. Los hombres de Gilgamesh se pusieron de pie. Villon sac&#243; una Beretta y vaci&#243; la cacerina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Qu&#233; has hecho, cocu? -Le mostr&#243; un cigarro apagado y a medio fumar. - &#191;ves? Le arrug&#243; el habano en la nariz. Ambos corrieron, se montaron al auto &#8211; Detente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No puedo, debemos salir de ac&#225;. &#8211; Contest&#243; Jean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastian hal&#243; el freno de mano, el auto dio un giro sobre el pavimento mojado por una lluvia fina y se detuvo, meti&#243; la mano debajo de su saco, tom&#243; su rev&#243;lver, le dispar&#243; en la cara Villon y de una patada lanz&#243; el cuerpo fuera. Solt&#243; el freno de mano y apret&#243; el acelerador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;S&#237; puedes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida de un hombre de negocios da vuelcos inesperados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Germand y Jacinta estaban en un Hotel en Montmartre. La misma calle, el mismo hotel. Una canci&#243;n. Par&#237;s se mostraba exultante, la cruzaban turistas de todas partes del mundo. Un d&#237;a azul de primavera, intenso y cargado de polen. Los campos Eliseos y los jardines de Luxemburgo, el Sena, todo, una tarde alegre de Maupassant, un momento detenido de Rembrandt, el pedaleo fatigoso de Emile Zol&#225;, la gente parec&#237;a andar sobre monociclos y lanzar globos de colores al cielo abierto. Jacinta le hab&#237;a dado cuerpo a su pelo, recib&#237;a sin anteojos la luz solar, expon&#237;a su cara redonda, su mirada oblicua, una sonrisa congelada. No estaba feliz, s&#243;lo estaba all&#237;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pareja descorchaba una segunda botella de champa&#241;a en el momento en que apareci&#243; Savagne. Lo recibieron con los brazos abiertos y besos en ambas mejillas. &#201;l no encajaba en aquel Par&#237;s buc&#243;lico, sudaba, se atropellaba al hablar. Germand mov&#237;a la cabeza, sabio como el p&#233;ndulo del c&#237;rculo luminoso, a veces parec&#237;a reprochar, a veces buscar ideas; otras, lamentarse por la mala y buena suerte de su amigo. Todo tiene su raz&#243;n de ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Ni modo, Bastian. Jacinta hablar&#225; con su embajada. Te ir&#225;s mientras se aclaren las cosas.&lt;br /&gt;Veinticuatro horas m&#225;s tarde, Bastian Savagne arribaba al aeropuerto Internacional Sim&#243;n Bol&#237;var, lo escoltaba un funcionario de la embajada y en la sala protocolar lo esperaba Gilda, su esposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;Gilda, su esposa, la esposa de Bastian Savagne, era una mujer joven, su pelo negro, sus ojos negros, la piel blanca. Sus dientes perfectos, sonrisa ingenua, entregada y limpia. Una sonrisa virgen, sol&#237;a decir su &#250;ltimo amante. &#191;Convertirse por obra y gracia de un juego diplom&#225;tico en la esposa de un mat&#243;n de Marsella desvirgar&#237;a su candidez? Nunca, podr&#237;a afirmar su ex amante, poeta de caf&#233;, hombre despreocupado, comprometido con los versos de servilletas y las sentencias l&#250;cidas de los primeros g&#252;isquis. Un d&#237;a, con el despecho por delante, esculpi&#243; el estigma. Cara virginal y alma de puta, &#233;sa es Gilda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Savagne no tuvo tiempo para cumplir sus deberes conyugales. La misma tarde de su llegada mantuvo una reuni&#243;n con el C&#237;rculo Luminoso del P&#233;ndulo. Luego de mover un p&#233;ndulo de diamante sobre el tablero e inspirarse en dimensiones &#8220;desconocidas&#8221; entreg&#243; al Coronel el inventario de armas cortas, de armas largas y de bazucas antiblindados de corto y largo alcance. A la ma&#241;ana siguiente cruzaron el verde territorio sobre una avioneta bimotor. En medio de la selva lo esperaba otro miembro del C&#237;rculo Luminoso del P&#233;ndulo. All&#237; estaba el hombre de la barba cana; repet&#237;a las exclamaciones de Germand:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Todo bien? &#191;Todo bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parco, &#233;se era su estilo, Bastian hablaba muy poco el idioma, abri&#243; un cat&#225;logo de armas. El hombre de la barba cana, el supremo sacerdote del P&#233;ndulo, le hizo saber que de inmediato har&#237;a depositar el dinero acordado en las islas francesas y se puso a trabajar frente una mesa improvisada, all&#237; hizo movimientos r&#225;pidos sobre el teclado de una laptop como un pianista o un mal amante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche de la selva tiene mucho de muerte, la bulla silencia y trasciende sobre el esc&#225;ndalo salvaje la soledad total y absoluta. Bastian fumaba un cigarro, bebi&#243; aguardiente blanco, deseaba aturdirse, sent&#237;a p&#225;nico, crey&#243; estar cubierto en una boscosa sepultura. En su descenso a los infiernos lo acompa&#241;aban monos araguatos, not&#243; que sus rugidos no se diferenciaban de los rugidos de un gran felino. Echaba mano a los recuerdos, los caf&#233;s de Marsella a las orillas del muelle, la d&#225;rsena inmemorial, los restaurantes, las mujeres rollizas del puerto, una luz matizada, justa y necesaria en su precisa frialdad. Fue ganado por un llanto mudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regres&#243; a Caracas, apenas dispuso del tiempo para notar que su mujer, Gilda, ten&#237;a grandes y generosas tetas, firmes como las de su primera novia. De inmediato fue trasladado a una oficina en una de esas aberrantes torres de concreto y cristal. Le sali&#243; al paso un hombre impecable, llevaba un traje de civil. Le ofreci&#243; asiento, le entreg&#243; la correspondencia electr&#243;nica, algunas cartas de Germand dirigidas a &#233;l. Deb&#237;a ir a las islas francoparlantes y hacer las transferencias a sus bancos en Berl&#237;n. Lo llevaron a La Carlota en donde lo aguardaba una avioneta. Despegue apacible, vuelo turbulento, confrontaron al denso Caribe, necesitaba dormir un poco, pero las turbulencias eran verdaderos sismos, cada vez que atravesaban una formaci&#243;n cumular lo embargaba la sensaci&#243;n de que ser&#237;an despedazados. Hizo las transacciones en Guadalupe. Un tipo que usaba guayabera amarilla y fumaba un enorme habano lo invit&#243; a almorzar, le entreg&#243; dos pasaportes. Volvi&#243; al and&#233;n del aeropuerto, Bastian debi&#243; corroborar que el inventario de las armas se correspond&#237;a con las que embarcaban en un hidroavi&#243;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Van a entrar por el r&#237;o- le dijo el hombre de la guayabera &#8211; y t&#250; te vas en el primer vuelo a Panam&#225;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;As&#237; anduvo, era su muerte, el descenso al hades, entre cuencas y selvas, apenas hac&#237;a toques fugaces en Caracas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la ciudad buscaba a Gilda y Gilda no estaba. Gilda era su mujer. Se convert&#237;a en un imperativo abrazarla, encontrar consuelo en su seno. Dicen que el viaje es sin&#243;nimo de libertad; sin embargo era reo de un destino, de un edicto sobrenatural, de los dict&#225;menes del Circulo del P&#233;ndulo Luminoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas se duchaba. Maldorm&#237;a, se afeitaba, arrancaba pedazos de su piel, se echaba encima una camisa de seda con estampas de palmeras tropicales y retomaba el itinerario que le se&#241;alaba desde lejos el buen Germand.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antigua, Barbados, Trinidad, san Juan de las Galdonas, Miami, San Fernando de Atabapo, Barranquilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cumpli&#243; a&#241;os y recibi&#243; una postal electr&#243;nica de Jacinta. Le recordaba que el Caribe fue refugio de sus ancestros corsos. &#8220;Querido amigo, los m&#237;sticos, luego de interpretar la danza oracular del P&#233;ndulo Luminoso, hablan de la nueva Jerusal&#233;n, Te aseguramos que te encuentras en la nueva Marsella. El viejo mundo es un museo en donde apenas sobrevive una mafia folcl&#243;rica&#8221; Savagne pens&#243; en Gilda. &#191;D&#243;nde estar&#225; Gilda? P&#225;lida, de ojos negros, de grandes y hermosas tetas. Trat&#243; de recordar aquellos pezones dibujados detr&#225;s de la franela y sufri&#243; un extra&#241;o mareo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastian savagne decidi&#243; hacer una larga parada en Caracas. La ciudad estaba agitada. Inmersa en una huelga. El mareo lo acompa&#241;aba de d&#237;a y de noche as&#237; como los grillos de la selva, todos los grillos amaz&#243;nicos se le hab&#237;an metido en los o&#237;dos y dorm&#237;an su cara. Fue al departamento que hab&#237;a arreglado Germand, encendi&#243; la computadora, se conect&#243; a Internet y baj&#243; sus correos, el &#250;ltimo lo ha debido llenar de esperanza: &#8220;Mon ami, hemos producido suficiente dinero como para cancelar el recuerdo.&#8221;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levant&#243; sus brazos, se oli&#243; las axilas, ol&#237;a mal. Fue al ba&#241;o, se dio una larga ducha. Al salir continuaba oliendo a especies y a mandr&#225;gora, a cocido de coles, a hervido de granos, a huevos revueltos con romero y tintura de marihuana, ol&#237;a sobre todo a comino. Dejaba abierta la puerta principal del departamento, buscaba aplacar el calor, atenuar la nostalgia. Pensaba en Gilda, temi&#243; por ella, hab&#237;a desaparecido. Tom&#243; el tel&#233;fono y llam&#243; al coronel, al amigo del C&#237;rculo del P&#233;ndulo Luminoso y lo inquiri&#243; con propiedad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;D&#243;nde merde est&#225; mi mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hab&#237;a olvidado que s&#243;lo hab&#237;a visto a su mujer en un tiempo fragmentado, en una realidad molecular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;La necesito &#8211; agreg&#243;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Podemos salir juntos, conozco burdeles de primera. &#8211; Respondi&#243; el m&#237;stico oficial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sinti&#243; que su coraz&#243;n se hinchaba, que su cabeza giraba hacia una s&#250;bita compulsividad, era la pasi&#243;n bruta e intransigente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Usted no comprende, estoy perdido sin ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los d&#237;as y Gilda no apareci&#243;. Volvi&#243; a marcar el tel&#233;fono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Insisto, debo ver a mi mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los minutos recibi&#243; una llamada de su buen amigo Germand Verne. Intercambiaron duras palabras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Me quitaste Marsella. Ahora me quitas a Gilda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;No seas b&#234;te.-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;D&#243;nde est&#225; Gilda? &#8211; comenzaba a girarle el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Te has vuelto loco? Tienes que volver a Marsella, todo se ha olvidado. Gilda no es tu mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;La necesito- gimi&#243;, era la primera vez que gem&#237;a en su vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Deja de hablar mierda, es imposible que sientas necesidad por una desconocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Ah Si? Escucha &#8211; el mareo se hizo dentro y fuera y comenz&#243; a gritar. Al principio era un quejido, le dol&#237;a algo, luego rabia, reclamo, dolor. Al final nostalgia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Es mi mujer &#8211; fue la &#250;ltima frase que pronunciara en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;&#161;Por favor, Bastian!- Al otro lado permutaban gritos y la irrupci&#243;n de metales y trastos, un cacerolazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastian Savagne lloraba de mareo y dolor, estaba atrapado bajo los cacharros de la cocina, fuera, los vecinos hac&#237;an sonar sus cacharros, hab&#237;a protesta en toda la ciudad, fuera, m&#225;s all&#225; de la terraza, sobre las copas de los apamates crey&#243; ver a la Osa Menor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#8212;Ale, Ale, ah, ah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre le se&#241;alaba a la Osa Menor en un muelle de Marsella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su madre lo abraz&#243; y se parec&#237;a tanto a Gilda.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3024056867429916830-1219878173131113234?l=delamanchaliteraria.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>EL C&#205;RCULO DEL P&#201;NDULO LUMINOSO</title>
      <updated>2010-02-03T20:07:17+00:00</updated>
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    <title>TRES MICRORRELATOS</title>
    <updated>2010-02-03T20:07:18+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T05:36:00+00:00</published>
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    <content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;a href="http://www.silvia.cc/" target="_blank"&gt;Silvia Garc&#237;a&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2gxTAfeGII/AAAAAAAABiw/33ZZu70xG84/s320/Simbad.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433647153041774722" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span&gt;imagen de &lt;em&gt;Fables: The good prince&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Carta de amor&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos pescaditos:&lt;br /&gt;Cierto es que me he convertido en un hombre extraordinario, pero yo no quer&#237;a nada de esto. Yo quer&#237;a pescar. Imaginaba, preciados pescaditos, que pasaba los d&#237;as con las redes, en la perfecta soledad del agua y el cielo, sin mayores pensamientos que los que entran en mi serena cabeza. Imaginaba que volv&#237;a a casa, una peque&#241;a choza cercana al mar, con mis tres merluzas diarias, alg&#250;n calamar distra&#237;do, alguna langosta de tanto en tanto, y mi mujer preparar&#237;a las zanahorias y lechugas de la huerta, y pasar&#237;amos los a&#241;os en venturosa humildad. En mis ratos de ocio me sentar&#237;a sobre una roca lisa a escribir las haza&#241;as de un h&#233;roe maravilloso, capaz de arriesgar la vida entre prodigios y cat&#225;strofes, capaz de internarse en los pa&#237;ses m&#225;s lejanos.&lt;br /&gt;En cuanto a m&#237;, &#191;para qu&#233; querr&#237;a yo m&#225;s cielo que el que flota sobre mi cr&#225;neo? &#191;para qu&#233; querr&#237;a m&#225;s lujo que mi cama ni m&#225;s fortuna que la de tener el alma bien amarrada al cuerpo? Sin embargo Al&#225; es m&#225;s sabio, graciosos pescaditos, y heme aqu&#237; luchando con p&#225;jaros monstruosos y con islas vivientes: sabed siempre que mi coraz&#243;n, pese a todo, no os olvida, y un d&#237;a, en la tranquila luz del oto&#241;o, Simbad volver&#225;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Diario de R.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo suelto mi cabello. Algunas veces trepa la vieja hechicera, otras el joven pr&#237;ncipe: un d&#237;a se van a matar esos dos. Comparan mi cabello con hilos de oro o con espigas, no ven m&#225;s all&#225; de mi cabello, todo en sus vidas es llegar a esta torre y apoderarse de mi tiempo. Consiguen lo que pueden &#8211;minutos, horas, ma&#241;anas, tardes, noches- pero siempre tienen que regresar abajo, de donde vienen, recelosos de quedar aislados en el mundo, temiendo que un d&#237;a yo los deje fuera de mi torre.&lt;br /&gt;&#8212;&#161;Suelta tu cabello, Rapunzel!&lt;br /&gt;&#8212;&#191;Por qu&#233; trepas tan despacio? El pr&#237;ncipe es mucho m&#225;s &#225;gil.&lt;br /&gt;Ojos de ira, gritos de fracaso. Ahora me corta el cabello &#8211;cabello lavado con t&#233; de flores del tr&#243;pico, pesado como una capa de hierro- y me echa de la torre, como si la torre tuviera alg&#250;n sentido cuando yo no estoy en ella. Es todo lo que estoy esperando. Me voy. Alcanzo a ver desde lejos mi antigua cabellera atada como se&#241;uelo al gancho de la ventana y pienso: es in&#250;til, esos dos siguen sin ver nada m&#225;s all&#225; del fetiche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;D&#233;j&#224; vu&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pens&#225;bamos que Hamel&#237;n ya hab&#237;a sufrido y escarmentado bastante en los &#250;ltimos a&#241;os: nunca podr&#237;amos recuperar a nuestros ni&#241;os, as&#237; que, pasado un lustro, dimos a luz ni&#241;os nuevos. La ciudad marchita fue cur&#225;ndose lentamente, un llanto de beb&#233; ya no era un horrible fastidio sino un signo de normalidad. Los padres se volvieron solidarios, aprendieron a cuidar a cada hijo como si fuera propio, a sufrir al un&#237;sono por un cuerpito enfermo y a aplaudir con sincero amor las destrezas de cualquier s&#250;bito geniecillo.&lt;br /&gt;La vida era ahora realmente un don precioso, a&#250;n m&#225;s ennoblecido por el recuerdo del antiguo pecado. Pens&#225;bamos que ya hab&#237;amos llorado bastante, y nos dispon&#237;amos a ser sabios y acaso felices, cuando cay&#243; sobre nuestras cabezas la plaga de ciempi&#233;s. Llov&#237;an ciempi&#233;s en todas direcciones; pronto fue necesario pedir ayuda a los pueblos vecinos, pero no hubo manera de vencer a los gusanos. &lt;br /&gt;Entonces apareci&#243; &#233;l. Se ve&#237;a igual que la primera vez, sus facciones hab&#237;an permanecido inmunes al tiempo. Cerramos el mismo trato. Se llev&#243; la flauta a los labios, mientras se alejaba en direcci&#243;n al r&#237;o, seguido por la corte interestelar de ciempi&#233;s, y la m&#250;sica no ces&#243; hasta hasta que el &#250;ltimo de ellos hubo desaparecido bajo las aguas. Jam&#225;s nos hubi&#233;ramos negado a pagarle al flautista, aunque hubiese pedido todo el oro de la ciudad. No lo hizo. Cobr&#243; lo que crey&#243; justo, y lo pagamos sin vacilar. Guard&#243; la flauta, dijo adi&#243;s, sigui&#243; su viaje en silencio.&lt;br /&gt;Pero los ni&#241;os igual se marcharon.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3024056867429916830-550272325241940699?l=delamanchaliteraria.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>TRES MICRORRELATOS</title>
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    <title>EL COMBATE</title>
    <updated>2010-02-03T20:07:18+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T05:36:00+00:00</published>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;span&gt;
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        &lt;a href="http://www.candaya.com/combates.htm" target="_blank"&gt;Ednodio Quintero&lt;/a&gt;
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    <content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;a href="http://www.candaya.com/combates.htm" target="_blank"&gt;Ednodio Quintero&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2hGBuRDhgI/AAAAAAAABjQ/hFIan38OaMc/s400/combates01.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433669945835881986" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol se hund&#237;a en las lejan&#237;simas monta&#241;as coronadas de nieve, veteadas en los flancos por l&#237;neas verdosas, rayadas de carb&#243;n. Yo avanzaba a trav&#233;s de un sendero pedregoso dejando a mis espaldas un rastro de sangre. Me deten&#237;a el tiempo justo para respirar y luego reanudaba mi implacable marcha pues no quer&#237;a que la noche me sorprendiera a descampado. Abrigadas en las sombras, las fieras o las aves de rapi&#241;a me acosar&#237;an sin piedad, y en aquel estado de indefensi&#243;n, &#191;qu&#233; resistencia les iba a ofrecer? Moverme me causaba da&#241;o, ya que, pr&#225;cticamente, ninguna regi&#243;n de mi cuerpo hab&#237;a escapado al castigo. A decir verdad, mis heridas no eran de muerte, pero este hecho no me consolaba. &#191;Qu&#233; ventaja se derivaba de aquella circunstancia? Morir no era mi mayor preocupaci&#243;n. Ya habr&#237;a tiempo para ocuparse del trance final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras avanzaba apoy&#225;ndome en alguna ra&#237;z enterrada en los salientes rocosos, me invad&#237;a una rara sensaci&#243;n, semejante a la desilusi&#243;n o la tristeza. No obstante, su verdadera naturaleza no era f&#225;cil de definir. Yo me hab&#237;a habituado a la derrota, mi destino estaba entretejido por la traici&#243;n. Entonces, por qu&#233; habr&#237;a de afligirme esta nueva ca&#237;da siendo que ella no era m&#225;s que una reiteraci&#243;n, otro eslab&#243;n en la cadena. Acaso, por primera vez, tuve conciencia de que aquel sentimiento, el que fuera, rebasaba mis propios l&#237;mites y se precipitaba en el vac&#237;o.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hab&#237;a librado un combate desigual, y supe desde el primer momento que no ten&#237;a la m&#225;s m&#237;nima posibilidad de resultar vencedor. Pude eludir el encuentro pues nada me obligaba a someter mi cuerpo a semejante escarmiento. Sin embargo, una fuerza para m&#237; desconocida sostuvo mi decisi&#243;n. &#191;Acaso me solazaba en el dolor? No lo creo, no ha sido el dolor mi aspiraci&#243;n esencial. Al menos, voluntariamente, no me expongo a la crueldad. Ahora, ante mi piel desollada, de nada serv&#237;an los pensamientos. Cualquier hip&#243;tesis resultaba superflua. Pero no pod&#237;a dejar de pensar; al contrario, im&#225;genes y voces flu&#237;an incontenibles, fustig&#225;ndome y atorment&#225;ndome, convirtiendo mi huida en un v&#237;a crucis mental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchaba la risa burlona del enemigo, escudado detr&#225;s de la m&#225;scara de hierro, y aquella risa endemoniada era preferible al silencio pues opacaba su irritante respiraci&#243;n, silbante y persistente como el zumbido de un moscard&#243;n. Y cuando al fin cesaban la risa y el silencio, en alg&#250;n lugar de mi memoria surg&#237;a n&#237;tida una figura familiar &#8212;cuyos rasgos habr&#237;a reconocido entre una multitud. Se incorporaba en su tumba y me increpaba con palabras terribles, que llegaban a m&#237; desfiguradas por la lejan&#237;a, astilladas por el viento de la eternidad, y que hac&#237;an vibrar mis o&#237;dos como una maldici&#243;n. &#191;Estar&#237;a yo condenado a oscilar el resto de mis d&#237;as entre carcajadas de burla y voces muertas? A trav&#233;s de aquel odioso contrapunto se filtraba, d&#233;bil &#8212;e inconfundible&#8212;, un sollozo. Yo hab&#237;a traspasado no s&#233; cu&#225;ntos umbrales del sufrimiento, pero el sonido de mi propio llanto no lo iba a soportar. Arranqu&#233; un pu&#241;ado de hierba seca mezclada con tierra y tapon&#233; mi boca para sofocar mi voz. Y reanud&#233; la marcha dispuesto a no dejarme arrebatar por ninguna imagen del pasado, pues sab&#237;a que en aquel territorio de cenizas, y no en mi cuerpo desvalido, se centraba mi debilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegu&#233; a un promontorio desde el cual, los d&#237;as claros, se alcanzaba a ver, en el fondo del valle, el techo de mi caba&#241;a. Hoy, las nieblas ligeras que ascend&#237;an por el ca&#241;&#243;n como si huyeran de la noche cercana, lo ocultaban. Aceler&#233; el paso. La noche no me alcanz&#243;, tampoco el puma monta&#241;&#233;s. Mi refugio de paredes encaladas ol&#237;a a tabaco y laurel. Yo pensaba que al entrar en mis dominios me derrumbar&#237;a a causa de la fatiga; m&#225;s bien, gracias al cielo, sent&#237; un alivio repentino como si me hubieran untado un b&#225;lsamo rejuvenecedor. Pero no me hice ilusiones: sab&#237;a que el dolor no tardar&#237;a en volver, acrecentado por el relente del atardecer. Encend&#237; el fog&#243;n, y a toda prisa, aprovechando las &#250;ltimas luces y mis escasas fuerzas, calent&#233; agua que fui vaciando en una tina y le agregu&#233; una libra de sal. Me hund&#237; en aquel caldo salobre y pronto me qued&#233; dormido. So&#241;&#233; que sobrevolaba un paisaje de alt&#237;simos conos de ceniza, convertido en halc&#243;n. Aquellos parajes me eran desconocidos, sin embargo, por alg&#250;n oscuro mecanismo de asociaci&#243;n me recordaban el escenario del combate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante a&#241;os hab&#237;a imaginado cada detalle del encuentro. Y me hab&#237;a entrenado minuciosamente, con esmero y dedicaci&#243;n dignos de un arquero zen. Nervios y m&#250;sculos a punto, ni un gramo de grasa estorbaba mis movimientos. Yo saltaba y daba volteretas en el aire al igual que un trapecista consumado. Corr&#237;a dos leguas sin detenerme un solo instante, y durante largos trechos sent&#237;a que las plantas de mis pies se apoyaban en una capa neblinosa situada a un palmo del suelo. Cuando ya la fecha se aproximaba ayun&#233; tres d&#237;as para desentumecer mi esp&#237;ritu. El d&#237;a fijado me levant&#233; con el sol. Me zambull&#237; en un pozo helado, di gritos de j&#250;bilo que resquebrajaron el hielo de un lejano glaciar. Y luego me golpe&#233; la espalda, el vientre y los muslos con ramas de verbena. Desnudo e inerme acud&#237; al escenario del combate. Una mancha de ceniza en el centro de mi frente me aseguraba un &#250;nico espacio invulnerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La extensa planicie estaba vac&#237;a. El enemigo se har&#237;a esperar. Mientras lo aguardaba record&#233; que nada sab&#237;a de &#233;l. Su naturaleza y sus intenciones, su poder y su fuerza me eran ajenos. Su aspecto, inimaginable. Si surgiera del aire o de una repentina polvareda, tendr&#237;a que aceptar su presencia sin ninguna objeci&#243;n, pues yo mismo hab&#237;a elegido aquella forma singular de enfrentamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La espera se prolong&#243; hasta el mediod&#237;a. Cuando el sol alcanz&#243; el cenit, lo vi venir. Remontaba la &#250;ltima cuesta que conduc&#237;a a la planicie. Mi coraz&#243;n retumb&#243; como un tambor, y contra mi voluntad mis piernas se pusieron a temblar. Aquel ser que se acercaba caminando con dificultad no pod&#237;a ser mi rival. De lejos parec&#237;a un adolescente, incluso un ni&#241;o. A menos que se tratara de una confusi&#243;n, alguien se estaba burlando de m&#237;. El feroz combatiente que yo aguardaba se demoraba en llegar o quiz&#225; no llegar&#237;a nunca, y aquel otro no era m&#225;s que un excursionista extraviado en la monta&#241;a, un solitario explorador en busca de un lugar para acampar. Ah, s&#237;, ya no me quedaban dudas, a sus espaldas tra&#237;a un morral. Tendr&#237;a que esconderme detr&#225;s de una roca para ocultar mi desnudez. Un presentimiento me cort&#243; la respiraci&#243;n: &#191;no estar&#237;a yo inventando excusas para eludir el combate, pues qui&#233;n sino mi enemigo iba a conocer la ruta hasta este desolado lugar? Har&#237;a ya siglos que por estos rumbos no se aventuraba ning&#250;n ser humano. &#191;Era aqu&#233;l un ser humano? Aun si&#233;ndolo, su aspecto fr&#225;gil pod&#237;a resultar enga&#241;oso. El hecho de que se doblara bajo el peso del morral no era en modo alguno signo de debilidad, pues muy bien podr&#237;a traer a cuestas una ametralladora con suficientes municiones como para aniquilar a un batall&#243;n, o quiz&#225; se trataba de una carga m&#225;s contundente: un misil port&#225;til, de aquellos que se gu&#237;an por el calor. Mi cuerpo ard&#237;a como un diminuto sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El enemigo desapareci&#243; detr&#225;s de un matorral. Afin&#233; la mirada y me puse en guardia, pues en cualquier momento resurgir&#237;a armado con su arsenal. Pasaba el tiempo y yo me impacientaba. Llegu&#233; a pensar en la posibilidad de un espejismo. La idea me desilusion&#243;: si todos mis preparativos hab&#237;an resultado in&#250;tiles, &#191;a qui&#233;n ir&#237;a ahora a ofrendar mi cuerpo pleno de energ&#237;a, rebosante de vida e ilusi&#243;n? Me alistaba para emprender el camino de regreso cuando lo vi avanzar en direcci&#243;n al centro de la planicie, y se me hac&#237;a dif&#237;cil creer que fuera el mismo adolescente que trepaba la cuesta con dificultad. Ven&#237;a envuelto en luces que parec&#237;an brotar de su cuerpo, como si en la piel le crecieran espejos. Corr&#237; a su encuentro y a medida que me acercaba el resplandor me enceguec&#237;a. Despojado de todo pensamiento, olvidado de m&#237; mismo, iba yo lanzado como una mariposa nocturna hacia una fuente de luz. El primer golpe lo recib&#237; en las rodillas, un golpe bajo, inesperado. Tuve la sensaci&#243;n de haber chocado contra una muralla tejida con alambre de p&#250;as. Sent&#237; el desgarr&#243;n y record&#233; que a los caballos, en las batallas, les cortan los tendones. &#191;Era yo un caballo? Trastabill&#233; y ca&#237;, y antes de que intentara siquiera levantarme un chorro de arena me encegueci&#243; por completo. Permanec&#237; tendido sobre la hierba seca restreg&#225;ndome los ojos y aguardando la siguiente embestida. Implor&#233; al cielo que el pr&#243;ximo golpe me partiera el coraz&#243;n. Escuch&#233; entonces la risa, nerviosa e inquietante, y vislumbr&#233; con horror que la fiesta apenas comenzaba. Sobrevino un extenso silencio. Algo se dibujaba en el aire, una forma invisible, la sombra de un hacha tal vez. Una fuerza poderosa me hal&#243; hacia arriba, como si me tironearan de los pelos, y supe que estaba de pie. Di un par de pasos, lentos e inseguros. &#191;Qu&#233; estaba sucediendo? No lo sab&#237;a. Mov&#237; los brazos buscando un asidero, al principio tanteando el aire con precauci&#243;n, luego con furia. Tropec&#233; otra vez con la alambrada. &#191;Estar&#237;a acaso luchando contra un erizo o un puerco esp&#237;n? Retir&#233; mis brazos sangrantes y me qued&#233; quieto. Imagin&#233; por un instante que me hab&#237;a convertido en estatua. Intent&#233; abrir los ojos, pero mis p&#225;rpados se negaban a obedecerme. Levant&#233; el izquierdo con mi &#237;ndice y vi una cortina rojo oscuro. Desist&#237; y volv&#237; a las tinieblas. Muy cerca de mi hombro se dej&#243; o&#237;r, semejante a un fuelle, la respiraci&#243;n del enemigo. Resollaba. Ten&#237;a pulmones o branquias, &#191;y coraz&#243;n? Se me hel&#243; la sangre. &#191;Qu&#233; estar&#237;a tramando aquel ser despiadado? Sent&#237; en la frente un toque fr&#237;o y di un paso atr&#225;s, brusco y violento, como si en la oscuridad me hubiera topado con una v&#237;bora. &#191;Era una mano? Supongo que s&#237;. La mano persisti&#243; en su prop&#243;sito, y apart&#243; con delicadeza un mech&#243;n de mi frente. Luego me acarici&#243; suavemente, de la misma manera que una madre acaricia el rostro de su hijo que delira por la fiebre. &#191;Qu&#233; demonios estaba sucediendo all&#225; afuera? &#191;Ser&#237;a aqu&#233;l el esp&#237;ritu rencoroso de mi madre que acud&#237;a a consolarme? &#191;Con qu&#233; prop&#243;sito? S&#243;lo faltaba que se pusiera a cantar para confirmar mi sospecha. No, no era posible. Me negu&#233; a admitir aquella idea demencial, pues un esp&#237;ritu muerto no se manifiesta a pleno sol, era yo el que deliraba. De repente una ola de alivio recorri&#243; mi cuerpo, y aunque mi cerebro rechazaba tal sensaci&#243;n, no pod&#237;a resistirme a la evidencia: me dej&#233; arrastrar, al igual que un ser fatigado hasta el l&#237;mite de sus fuerzas se entrega al sue&#241;o. De cualquier manera, yo estaba a merced del enemigo, y aquella tregua no pasar&#237;a de ser m&#225;s que una nueva estratagema, un ardid tramado s&#243;lo para confundirme. El gato caza al rat&#243;n y juega con &#233;l, no tiene prisa, lo zarandea y luego lo suelta cre&#225;ndole la falsa ilusi&#243;n de que puede escapar, lo atrapa de nuevo y el juego contin&#250;a. El rat&#243;n, como cualquier criatura en peligro, forcejea, no se da por vencido, pero en el vaiv&#233;n entre la fuga y las garras del cazador &#8212;seguro &#233;ste de haber cobrado su presa&#8212; segrega la enzima del terror que ablanda y endulza su carne, sellando as&#237;, sin saberlo, su condena. &#191;Ser&#237;a yo un rat&#243;n? Ah, entonces me entregar&#237;a sin resistencia para envenenar a mi depredador. Llegado a este punto hice otro intento por abrir los ojos y, contra mis aprensiones, lo logr&#233;. Y vi el rostro del enemigo. Cre&#237; verlo.&lt;br /&gt;No, no se trataba de un rostro. Hasta donde alcanzaba mi discernimiento, aquella forma que flotaba cerca de m&#237; era una m&#225;scara, de hierro. Dos estrechas ranuras horizontales a la altura de los ojos y una rejilla met&#225;lica en el lugar de la boca: un primer plano que cubr&#237;a por completo mi &#225;ngulo de visi&#243;n. A&#241;or&#233; mi ojo de pez. Quise saber qui&#233;n se ocultaba tras la m&#225;scara, levant&#233; los brazos y me prepar&#233; para el asalto. Cre&#237;a que me bastar&#237;a un esfuerzo mediano para despojar a mi rival de aquella cerraz&#243;n. Mis manos, que buscaban alg&#250;n broche o una escotilla, tropezaron contra una superficie sembrada de diminutos cuchillos. El dolor compiti&#243; con la rabia, y ambos avivaron el ardor de las otras heridas. Como si hubiera aguardado mi despertar, el enemigo interrumpi&#243; sus caricias y se alej&#243; unos pasos. Y as&#237; lo pude ver en todo su esplendor, cubierto de la cabeza a los pies por una f&#233;rrea caparaz&#243;n. La armadura brillaba al sol, lanzaba destellos plateados, pu&#241;aladas de luz. El resplandor me fascinaba y me hac&#237;a olvidar mi precaria y miserable condici&#243;n. Camin&#233; otra vez en direcci&#243;n a la luz y me abalanc&#233; sobre mi contrincante. Lo abrac&#233; como si hubiera reconocido en &#233;l a un hermano perdido hace tiempo en un naufragio. Las salientes de la armadura se adentraron en mi carne. Me retir&#233; adolorido. De mi pecho, agujereado y tasajeado, manaba la sangre como de un surtidor. Observ&#233; que tambi&#233;n mi adversario se hac&#237;a a un lado. Me esquivaba, tal vez se compadec&#237;a de m&#237;, no lo s&#233;. Tuve un raro pensamiento que, mientras persisti&#243;, convirti&#243; mi mente en un infierno. El adolescente o quien fuere que se ocultaba en el traje de hierro no era mi enemigo, no luchaba ni quer&#237;a luchar. Estaba all&#237;, en la planicie, cumpliendo alg&#250;n designio, para m&#237; e incluso para &#233;l mismo, desconocido. La vestimenta pesada y sofocante que se ha visto obligado a usar le debe causar un indecible tormento, y con gusto, si pudiera, se librar&#237;a de ella. Imagino que no le est&#225; permitido exhibir su aut&#233;ntica naturaleza, menos a&#250;n su desnudez, quiz&#225; teme que yo pueda da&#241;ar su delicada piel. Es &#233;l quien se protege de m&#237;. Soy yo el agresor. A trav&#233;s de la estrecha ranura de la m&#225;scara su visi&#243;n es limitada. S&#243;lo ver&#225; los objetos m&#225;s cercanos, el horizonte se le escapa. Quiz&#225; a causa de esa limitaci&#243;n fue que no pudo esquivar mi primera embestida. La &#250;ltima, creo que lo tom&#243; por sorpresa. El razonamiento no carec&#237;a de l&#243;gica, pero la l&#243;gica no iba a aliviar mis heridas. Yo estaba ya suficientemente destrozado, y me daba igual que el da&#241;o me lo hubiera causado yo mismo o un siniestro vengador. No obstante, me preguntaba: &#191;por qu&#233; se me castiga? &#191;Acaso en un momento de distracci&#243;n le hab&#237;a negado un vaso de agua a un peregrino que se detuvo a reposar en mi caba&#241;a? &#191;O, quiz&#225; en sue&#241;os asesin&#233; a un ruise&#241;or? Herido como estaba quer&#237;a conocer uno solo de los motivos, el m&#225;s insignificante, que me hab&#237;a hecho merecedor de semejante castigo. &#191;Y si todo no fuera m&#225;s que un equ&#237;voco? &#191;Qu&#233; clase de torneo era aqu&#233;l en el cual s&#243;lo yo recib&#237;a los golpes? Para averiguarlo tendr&#237;a que intentar alguna forma de comunicaci&#243;n con mi rival. Camin&#233; hacia &#233;l y de nuevo el reflejo de la armadura me encandil&#243;. Pens&#233; que si esperaba la llegada de la noche, la oscuridad apagar&#237;a el brillo cegador; la superficie se enfriar&#237;a, y de no ser por las aristas puntiagudas ser&#237;a aqu&#233;l un sitio agradable donde apoyar mi mejilla y dormir. Utilic&#233; mi mano a manera de pantalla para amortiguar el torrente de luz, y de paso borr&#233; de mi memoria la silueta de una quimera que amenazaba convertirse en una imagen real. El enemigo se hab&#237;a sentado en una piedra, e inclinado sobre el suelo dibujaba en un espacio arenoso unos signos extra&#241;os. Utilizaba una varita como si se tratara de una plumilla. Me le acerqu&#233; de frente y mi sombra se proyect&#243; sobre la inscripci&#243;n. Me aproxim&#233; a&#250;n m&#225;s, hasta casi rozarlo, quer&#237;a ver. Observ&#233; que una de sus manos, la que dibujaba, sobresal&#237;a de la armadura, libre, sin protecci&#243;n, y me pareci&#243; fina y delicada, fr&#225;gil en exceso. Seguro que esa mano fue la que apart&#243; un mech&#243;n de mi frente y luego me acarici&#243;. La otra, en cambio, estaba recubierta por una manopla tachonada de clavos de acero con las puntas vueltas hacia afuera. Reconoc&#237; en la arena el ideograma chino de caos. Quise susurrar al o&#237;do del enemigo alguna frase grata, ofrecerle mis disculpas, pedirle tal vez que me revelara el enigma de nuestro encuentro. Que no se preocupara por mis heridas, ya cicatrizar&#225;n: el tiempo es un b&#225;lsamo, el mejor. Fue entonces cuando se volte&#243; en mi direcci&#243;n y pude ver durante una fracci&#243;n de segundo, a trav&#233;s de la rendija de la m&#225;scara, el relampaguear de sus ojos. Pero no alcanc&#233; a vislumbrar siquiera el movimiento de la manopla lanzada como una coz contra mi rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ca&#237; boca arriba y vi un cielo rojo surcado por rel&#225;mpagos, y antes de hundirme en la confusi&#243;n a&#250;n tuve tiempo para pensar que mi proximidad al enmascarado hab&#237;a desencadenado un mecanismo involuntario: el resorte de una alarma se desat&#243;, de manera que el golpe me fue asestado sin intenci&#243;n. O, tal vez, a causa de su visi&#243;n imperfecta, el an&#243;nimo guerrero confundi&#243; la mancha de ceniza en mi frente con una mosca y quiso librarme de ella aplast&#225;ndola de un manotazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que aconteci&#243; despu&#233;s pertenece al campo del olvido. Al recordarlo corro el riesgo de envenenar mi sangre con el rencor, pues ni siquiera las plantas de mis pies escaparon a la furia del vengador. &#191;Para aquel miserable combate me hab&#237;a preparado durante tanto tiempo? M&#225;s me hubiera valido abrirme el vientre con un pu&#241;al y arrojar mis entra&#241;as a los perros. Basta. A fin de cuentas, si a&#250;n permanec&#237;a con vida, &#191;qu&#233; hab&#237;a perdido? A lo sumo, la ilusi&#243;n. Y &#233;sta, al igual que el musgo que crece entre las piedras, se reproduce con el sol. Latencia, creo que as&#237; llaman al per&#237;odo durante el cual las fisuras que surcan las piedras ennegrecen. Late el coraz&#243;n. Tendr&#237;a ahora que enfrentarme al lento proceso de sobrevivir: en aquellos menesteres era yo un experto: un salvaje jabal&#237; de las praderas huyendo del incendio que arras&#243; el bosque, la casa entre los &#225;rboles y el jard&#237;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levant&#233;. Asunto terminado. Ya era tiempo de regresar. Me adentr&#233; en la planicie llevando el sol rojo como morral. Y mientras me alejaba escuch&#233; a mis espaldas un ruido met&#225;lico seguido de un sonido claro que confund&#237; con una voz. Quiz&#225; el enemigo se hab&#237;a despojado de la m&#225;scara, ya no soportaba el calor, y en un extra&#241;o gesto de amabilidad se desped&#237;a de m&#237;. Hasta luego, pues. Pero no me volv&#237; para verlo. No quise guardar para mis sue&#241;os futuros la imagen del rostro de aquel desconocido que, por la raz&#243;n que fuese, me hab&#237;a causado tanto dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despert&#233; bien entrada la ma&#241;ana y chapote&#233; en la tina de agua salobre. Por la rendija de la puerta se filtraba un rayo de sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;(En: &lt;a href="http://www.candaya.com/combates.htm" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;Combates&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;, Candaya, Barcelona, 2009.)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3024056867429916830-5846222179450710646?l=delamanchaliteraria.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>EL COMBATE</title>
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    <title>la mancha</title>
    <updated>2010-02-04T08:13:55+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T05:36:00+00:00</published>
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      &lt;span&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/el-combate.html" target="_blank"&gt;EL COMBATE&lt;/a&gt; &lt;/span&gt;
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    <content type="html">&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2m64FLNqMI/AAAAAAAABkg/AIbNW4rPzTE/s400/portada+de+blog+27.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434079898023864514" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/el-combate.html" target="_blank"&gt;EL COMBATE&lt;/a&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/foto-de-arisa-terada-ednodio-quintero.html" target="_blank"&gt;Ednodio Quintero&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol se hund&#237;a en las lejan&#237;simas monta&#241;as coronadas de nieve, veteadas en los flancos por l&#237;neas verdosas, rayadas de carb&#243;n. Yo avanzaba a trav&#233;s de un sendero pedregoso dejando a mis espaldas un rastro de sangre. Me deten&#237;a el tiempo justo para respirar y luego reanudaba mi implacable marcha pues no quer&#237;a que la noche me sorprendiera a descampado. Abrigadas en las sombras, las fieras o las aves de rapi&#241;a me acosar&#237;an sin piedad, y en aquel estado de indefensi&#243;n, &#191;qu&#233; resistencia les iba a ofrecer? Moverme me causaba da&#241;o, ya que, pr&#225;cticamente, ninguna regi&#243;n de mi cuerpo hab&#237;a escapado al castigo. A decir verdad, mis heridas no eran de muerte, pero este hecho no me consolaba. &#191;Qu&#233; ventaja se derivaba de aquella circunstancia? Morir no era mi mayor preocupaci&#243;n. Ya habr&#237;a tiempo para ocuparse del trance final.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/el-combate.html" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;seguir leyendo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/tres-microrrelatos.html" target="_blank"&gt;TRES MICRORRELATOS&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/silvia-garcia-provincia-del-chaco.html" target="_blank"&gt;Silvia Garc&#237;a&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Carta de amor&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Queridos pescaditos: Cierto es que me he convertido en un hombre extraordinario, pero yo no quer&#237;a nada de esto. Yo quer&#237;a pescar. Imaginaba, preciados pescaditos, que pasaba los d&#237;as con las redes, en la perfecta soledad del agua y el cielo, sin mayores pensamientos que los que entran en mi serena cabeza. Imaginaba que volv&#237;a a casa, una peque&#241;a choza cercana al mar, con mis tres merluzas diarias, alg&#250;n calamar distra&#237;do, alguna langosta de tanto en tanto, y mi mujer preparar&#237;a las zanahorias y lechugas de la huerta, y pasar&#237;amos los a&#241;os en venturosa humildad. En mis ratos de ocio me sentar&#237;a sobre una roca lisa a escribir las haza&#241;as de un h&#233;roe maravilloso, capaz de arriesgar la vida entre prodigios y cat&#225;strofes, capaz de internarse en los pa&#237;ses m&#225;s lejanos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/tres-microrrelatos.html" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;seguir leyendo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/el-circulo-del-pendulo-luminoso.html" target="_blank"&gt;EL C&#205;RCULO DEL P&#201;NDULO LUMINOSO&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2008/05/israel-centeno-por-laura-morales-balza.html" target="_blank"&gt;Israel Centeno&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Germand sinti&#243; un reloj de arena volcarse dentro de su pecho, soplaba el Mistral, su caja tor&#225;cica se crispaba. &#201;l y el viento c&#243;nsonos, persistentes, &#225;speros. Los Cristales hac&#237;an a&#241;icos la luminosidad mediterr&#225;nea, fragmentos de luz sucia, ojos glaucos cubiertos por el ala de un murci&#233;lago. Germand Verne era un hombre de negocios. Le gustaba precisar que era un empresario en el ramo del turismo. Ten&#237;a un hotel, varias pensiones, un peque&#241;o casino y una casa de veraneo que ha servido como locaci&#243;n de exitosas pel&#237;culas pornogr&#225;ficas. Reconoce en su genealog&#237;a a una estirpe de piratas y aventureros corsos que incidieron an&#243;nimos y modestos en la historia del Mediterr&#225;neo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/el-circulo-del-pendulo-luminoso.html" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;seguir leyendo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/la-prisionera.html" target="_blank"&gt;LA PRISIONERA&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2008/04/carlos-franz-ginebra-suiza-1959.html?zx=e0ddfc5234c79c30" target="_blank"&gt;Carlos Franz&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Boris Mamani cruz&#243; el antejard&#237;n de la comisar&#237;a. Siempre lo alegraba la voluntad que emanaba de ella: el alba inocencia de las piedras encaladas, ordenadas en filas, y el m&#225;stil en cuyo tope flameaba la bandera tricolor, incrustada en el cielo azul incandescente. Este nuevo edificio del ret&#233;n hab&#237;a sido una de las obras principales de su alcald&#237;a. Y &#233;l lo visitaba como quien frecuenta la casa de sus hijos, sin querer entrometerse y, a la vez, incapaz de desentenderse de su destino. El carabinero de guardia se asom&#243; en la estrecha garita del centinela y se llev&#243; la mano a la visera, salud&#225;ndolo respetuosamente. O quiz&#225; s&#243;lo lo hac&#237;a para respirar un poco: la amplia mancha de sudor bajo su axila quedaba a la vista.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/la-prisionera.html" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;seguir leyendo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/suspenso.html" target="_blank"&gt;SUSPENSO&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;Nicol&#225;s Melini&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Apareci&#243; en la curva, como si hubiese salido del mismo barranco (de all&#237; abajo o de all&#225; arriba), entre las piteras, aunque en realidad ven&#237;a simplemente de su casa. Alcanz&#243; el lugar por donde tomar la cuesta empinada &#8212;entre los quitamiedos de cemento y cal, blancos&#8212; y empez&#243; a bajar con el freno de los cu&#225;driceps bien tensos y entrenados por la costumbre, echado el cuerpo hacia atr&#225;s para contrarrestar el desequilibrio de tremenda pendiente. Nada de aquello le deber&#237;a de resultar novedoso, salvo que la sensaci&#243;n de que no hubiese novedad en ello desde hac&#237;a tanto tiempo hab&#237;a empezado a incomodarlo soterradamente.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/suspenso.html" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;seguir leyendo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/informe-sobre-un-desierto.html" target="_blank"&gt;INFORME SOBRE UN DESIERTO&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;Ernesto P&#233;rez Z&#250;&#241;iga&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hasta hoy no sab&#237;amos si era un valle o una meseta y seguimos sin saberlo porque los testigos no han regresado todav&#237;a. Lleg&#243; una carta en donde alguno describ&#237;a el lugar, pero &#233;sta tambi&#233;n se ha perdido entre los papeles viejos de la mesa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/informe-sobre-un-desierto.html" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;seguir leyendo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;_______________&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/piel-y-rio.html" target="_blank"&gt;Piel y r&#237;o,&lt;/a&gt; por Juan Carlos M&#233;ndez Gu&#233;dez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/atrapar-el-sol-sobre-combates-de.html" target="_blank"&gt;Atrapar el sol. Sobre &lt;em&gt;Combates&lt;/em&gt;, de Ednodio Quintero,&lt;/a&gt; por Ernesto P&#233;rez Z&#250;&#241;iga&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/el-bien-de-quien-nos-hace-mal.html" target="_blank"&gt;El bien de quien nos hace mal,&lt;/a&gt; por Nicol&#225;s Melini&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2010/02/leer-mas.html" target="_blank"&gt;Leer m&#225;s: reflexi&#243;n desde Facebook,&lt;/a&gt; por Juan Carlos Chirinos&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3024056867429916830-2326403898901634829?l=delamanchaliteraria.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>la mancha</title>
      <updated>2010-02-04T08:13:55+00:00</updated>
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    <title>LEER M&#193;S: REFLEXI&#211;N DESDE FACEBOOK</title>
    <updated>2010-02-03T20:07:17+00:00</updated>
    <published>2010-02-02T05:35:00+00:00</published>
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    <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;span&gt;
      &lt;em&gt;Juan Carlos Chirinos&lt;/em&gt;
    &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2m4X1xCFqI/AAAAAAAABkY/J_zlFtXo_tg/s400/dorothys.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434077145108453026" onload="resizeImage( this )" alt=""/&gt;&lt;/p&gt;</summary>
    <content type="html">&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;Juan Carlos Chirinos&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_0VSyQX7b1zQ/S2m4X1xCFqI/AAAAAAAABkY/J_zlFtXo_tg/s400/dorothys.jpg" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434077145108453026" onload="resizeImage( this )" alt="" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Quiero leer libros, muchos libros, vivir solo dentro de la literatura.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#171;Un militar cubano ocup&#225;ndose del problema energ&#233;tico en Venezuela; si eso no es entregar el pa&#237;s a la dictadura de los Castro, no s&#233; qu&#233; puede ser. Que sepa el presidente venezolano que la traici&#243;n a la patria es un delito por el que ha de responder tarde o temprano&#187;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Quiero ser Alicia, como ella, hacia ella; caer por el hueco de las palabras y alejarme del mundo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#171;Tambi&#233;n el III Reich iba a durar 1000 a&#241;os, seg&#250;n Hitler: &#8220;Ch&#225;vez dijo que est&#225; dispuesto a gobernar 11 a&#241;os m&#225;s &#8216;si el pueblo lo quiere&#8217; y pronostic&#243; que &#8216;la revoluci&#243;n bolivariana&#8217; durar&#225; por lo menos 900 a&#241;os&#187;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;O Ana Frank. Escondida como Ana Frank en una buhardilla, la buhardilla de la ignorancia y el olvido.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#171;Yo supongo que todos estamos de acuerdo en que vividores, sinverg&#252;enzas e ignorantes se reparten igualmente entre chavistas y opositores, s&#243;lo que los chavistas nos obligan a verlos en televisi&#243;n y se est&#225;n rumbeando los reales en estos momentos. De hecho, sabemos que muchos de los sinverg&#252;enzas y vividores que no mov&#237;an una paja y cobraban del gobierno (pongamos becas del Conac, para pensar en los sinverg&#252;enzas m&#225;s cercanos a mi experiencia) en la Cuarta Rep&#250;blica, se acomodaron con facilidad a la realidad chavista y siguen haciendo lo que siempre han hecho (cobrando): nada. Las novelas de Gallegos, y los poemas de Andr&#233;s Eloy Blanco (pienso en &lt;em&gt;La Juanbimbada&lt;/em&gt;) fueron &#8220;codificados&#8221; por el partido Acci&#243;n Democr&#225;tica (AD) en una frase m&#225;s poderosa que cualesquiera de esas obras: pan - tierra - trabajo, una consigna que, como dice Ana Teresa Torres, es el &#8220;relato&#8221;, &#8220;entendido como una matriz explicativa de la realidad&#8221;: en un pa&#237;s de campesinos, nada m&#225;s claro que prometer esas tres cosas. Y ese fue un punto fuerte de AD hasta que el pa&#237;s progres&#243; y se convirti&#243; en otra cosa que los herederos de R&#243;mulo Betancourt no entendieron, porque no supieron o no quisieron&#187;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Quiz&#225; Dorothy. Muchas veces. Que me lleve un tornado de libros y me deje en la tierra de Oz, all&#237; donde no pueda pensar m&#225;s.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#171;&#191;Cu&#225;l es el relato de hoy? V&#237;ctor Bravo lleva a&#241;os comentando que no hay en Venezuela a&#250;n una novela que sea &#8220;reflejo especular&#8221; de la realidad venezolana, aunque yo pienso que los escritores no tienen por qu&#233; ser espejo de ninguna realidad en particular, pues se arriesgan a caer en las garras del panfleto; ese es un trabajo de todos, no solo de escritores inspirados. Hay que mirar qu&#233; es lo que tenemos, con qu&#233; contamos para entender nuestra realidad. Que cada vez est&#225; m&#225;s empobrecida intelectualmente, porque eso es lo que le conviene a Ch&#225;vez; mientras m&#225;s vulgaridad se desparrame por el pa&#237;s, mejor, porque as&#237; se puede desplegar la humillaci&#243;n de la violencia, la ceguera del fanatismo, que es el territorio donde los m&#225;s mediocres medran con m&#225;s eficacia&#187;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tal vez no rechazar&#237;a ser do&#241;a B&#225;rbara, para someter a los escribanos que est&#233;n a mis &#243;rdenes; o ser Magda Goebbels, para dormir a mis libros y luego meterles a cada uno en la boquita una c&#225;psula de cianuro, para que mueran con dignidad, pues como ella dir&#237;a, &lt;em&gt;es mejor que mis hijos mueran a que vivan en la verg&#252;enza y el oprobio.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&#171;Lo que no me explico con demasiada claridad todav&#237;a es c&#243;mo hay escritores e &#8220;intelectuales&#8221; chavistas que justifican este desastre con su apoyo y su silencio borreguil; se supone que eran personas inteligentes, sensibles, conscientes. Pero un d&#237;a los llevan a &lt;em&gt;Al&#243;, presidente&lt;/em&gt; y se desparraman en halagos y sonrisas l&#250;bricas de Mujiquitas reci&#233;n descubiertos. &#191;C&#243;mo duermen por la noche cuando han tenido que re&#237;rle las sandeces al presidente, al ministro de Cultura y a todos los mediocres que ahora dirigen alguna instituci&#243;n cultural?&#187;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un misterio para m&#237; esto, desde luego.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3024056867429916830-4177852945643343517?l=delamanchaliteraria.blogspot.com" height="1" onload="resizeImage( this )" alt="" width="1" /&gt;&lt;/div&gt;</content>
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      <title>LEER M&#193;S: REFLEXI&#211;N DESDE FACEBOOK</title>
      <updated>2010-02-03T20:07:17+00:00</updated>
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